jueves, 13 de diciembre de 2007

La casa, el camino, la flor azul



“Amanecía cuando los viajeros traspusieron la puerta de Eisenach, y aquella media luz favorecía el estado en que se encontraba Enrique. Conforme se iba haciendo de día el viajero iba viendo mejor las tierras, nuevas para él, que estaban atravesando; y cuando al llegar a una altura divisó, iluminado por la luz del sol naciente, el paisaje que abandonaba, el joven sintió que entre el turbio remolino de sus pensamientos brotaban, desde lo más íntimo de su ser, antiguas melodías. Se sentía en el umbral de aquellas tierras lejanas que tantas veces, inútilmente, había querido ver, desde las montañas cercanas y de las que él se había hecho un cuadro de extraños colores: estaba a punto de sumergirse en aquel mar azul. Tenía ante él la Flor maravillosa. Miraba hacia Turingia, el país que estaban dejando atrás, con una extraña impresión: le parecía como si, después de largos viajes por los países a los que ahora se dirigía, volviera a su patria; como si su viaje fuera un viaje de regreso”



[…] “-¿Adónde vamos?
-A casa, siempre a casa”.
(Novalis. Enrique de Ofterdingen).


(Jerry Uelsmann)

6 comentarios:

Pandora dijo...

Lo único que se tiene es el camino de regreso... el eterno regreso.

Felicidades por el Blog, entradas de un brillante "intelectualismo" emotivo.

josé luis molinuevo dijo...

Gracias, Pandora....eterno regreso, ¿eterno retorno?

Pandora dijo...

Sí, eterno retorno; pero con qué vamos a jugar si no es con las palabras.

Saludos.

Anónimo dijo...

El útero, la muerte...allí todo debe ser oscuro. Siempre el regreso, el retorno. Allí la paz y quizás, extrañamente, la luz.

josé luis molinuevo dijo...

En el juego del límite está el retorno de lo eterno, y me pregunto si es un camino sin retorno

Anónimo dijo...

Mi casa está podrida de tierra verde