martes, 15 de enero de 2008

Arte, ciencia y tecnología.



Pau Alsina ha publicado una excelente introducción histórica (con una escueta bibliografía)al tema que da título al libro: arte, ciencia y tecnología. De manera equilibrada, y con buena información, trata la relación del arte con las telecomunicaciones, la informática, la robótica, la biología y las TIC.

No sólo esto, sino que, como señala en el primer capítulo, el libro forma parte de un proyecto más amplio y ambicioso:la configuración de un nuevo humanismo. Así, "el destacado papel de las artes como vehiculadoras de este espacio de comunicación e integración entre la cultura humanística y la cultura científico-tecnológica es la razón por la que, enfrascados en esta tarea de actualizar el ideal de humanismo renacentista, en los próximos capítulos estudiaremos diferentes estudios de caso. Un humanismo que incorpore tanto la cultura artístico-humanista como la cultura científico tecnológica...."(p.21).

Todas mis simpatías respecto a la demanda de un nuevo humanismo, tema en el que yo mismo llevo trabajando durante varios años con el nombre de "humanismo tecnológico". Ahora bien, otro de los méritos del libro es que permite dialogar sobre la orientación del mismo. No veo claro que el nuevo humanismo deba situarse entre dos culturas, incorporarlas, o configurar una nueva. La apelación al humanismo renacentista indica, más bien, que ellos no hacían una distinción entre una cultura de letras y otra de ciencias. No había dos culturas (las divisiones académicas son otra cosa) y la tarea del arte no consistía en mediar entre ellas. Como tampoco ahora. Un nuevo humanismo debe operar sin tener en cuenta ya esas dicotomías obsoletas.

Lo que nos lleva a la perspectiva del nuevo humanismo. Me pregunto si debe ser en la línea de los siguientes capítulos en los que se relata lo que ha sido, y que por ello he calificado de "histórica". Actualmente hay otros enfoques.

¿No habría que revisar, por ejemplo, la decepcionante, por irreal, propuesta de la interactividad, tan publicitada a finales del siglo pasado? E,igualmente, ¿no convendría sustituir el mito tecnorromántico de la creación colectiva por la tarea más modesta y responsable del diseño ciudadano de las tecnologías?

Son sólo algunas de las cuestiones que me suscita la lectura de este libro, tan oportuno como estimulante.

2 comentarios:

Fram Ramírez dijo...

Si la interactividad se llevará a su máxima expresión en cuanto a la participación ciudadana, la democracia podría ser real. Respecto del "diseño ciudadano de las tecnologías", no termino de entender muy bien si te refieres a que las tecnologías sean diseñadas para las ciudades o a que los ciudadanos diseñen las tecnologías.

josé luis molinuevo dijo...

Tengo mis reservas respecto a la interactividad, tan alabada en el siglo pasado. Pero lo cierto es que es muy restringida, dentro de los límites que nos permite el software que utilizamos y nos utiliza, y que raramente diseñamos. En ese sentido, la democracia directa no deja de ser un mito, sujeto (como se ha comprobado) a muchas manipulaciones.
Por el diseño ciudadano de las tecnologías entiendo nuevas formas de participación ciudadana, bien diseñando tecnologías o bien decidiendo el cómo y el para qué del uso social de las mismas.
Por ejemplo, en el terreno de la educación no se trata sólo de poner más ordenadores sino de decidir qué tipo de educación (y contenidos) queremos dar a través de las tecnologías.No tiene sentido seguir dando viejos contenidos con nuevos medios, lo que suele ocurrir.
En el caso del arte y las nuevas tecnologías, lo menos interesante para mi es qué tipo de arte se hace con las nuevas tecnologías, frente a qué clase de sociedad nos abre, ayuda a entender y a vivir.