miércoles, 6 de agosto de 2008

Metro cúbico de infinito




Una obra de Pistoletto (1966) de título rotundo para una apariencia banal, casi de caja de embalaje. Está hecha de seis espejos cuyas caras miran hacia dentro. Nos dan la espalda. Son personajes de espaldas. Es la figura perfecta de la mónada. Cerrada dentro de sí misma, no tiene ventanas, pero refleja el universo, el infinito. En ella lo inconmensurable, el infinito, se vuelve mensurable: un metro cúbico. O, si se prefiere, lo finito se multiplica hasta el infinito en un espacio cerrado, en el espacio de sí mismo. El Yo absoluto en un metro cúbico.

La obra se compone en la exposición y se descompone en el traslado. Son tres momentos: el acarreo de los espejos, la construcción del cubo y su desmantelamiento. La primera fase es la de mirarse en sentido moderno y construir una identidad en la imagen. Es el autorretrato. La segunda fase es aquella en la que desaparece el yo. Los seis espejos se ensamblan mirando hacia adentro. Es el espejo-dice Pistoletto- y no el yo el protagonista. Quizá se trata de la multiplicación del vacío hasta el infinito, el vacío es el infinito. Los sujetos están fuera, excluidos. El espectador no ve lo que hay dentro sino que lo imagina. La tercera fase es la que propone Pistoletto con la ruptura del cubo. El espejo estalla en fragmentos, y en cada uno de ellos, como si fuera un gran espejo se refleja el universo. Así se reflejaba el yo en El estudiante de Praga para, a continuación, morir.

La obra expresa las complejas variaciones en la relación entre Uno y Todo. El arte muestra todas las fases descritas. La primera es la filosofía moderna de la conciencia. La segunda su superación en el idealismo en la que desaparece la conciencia y emerge el vacío de la intuición intelectual. La tercera es la de Arte y pensamiento. La ruptura en fragmentos de la conciencia es la del pensamiento en imágenes del arte.

El metro cúbico de infinito es la imagen de la unidad recobrada con el Todo, la ilusión de que la esencia de lo finito es lo infinito, de que éste puede encarnarse en aquel. Pero también lo es del desgarro, el vacío, la ceguera. Cumpliendo en el arte, la cultura muestra su impotencia revelando la contradicción. La poesía trascendental de Schlegel, cuyo Uno y Todo es su capacidad de expresar lo ideal y lo real, la de Novalis, en la que el yo debía tomar posesión de su sí mismo trascendental, las angustias de la encarnación del Todo en el fragmento en Schelling, todas ellas encuentran su eco en la obra de Pistoletto. El Absoluto no puede ser construido en el reflejo de la conciencia, que es fragmento, limitación, y tampoco puede salir fuera de sí mismo, pero vuelto hacia dentro jamás logrará verse. El metro cúbico de infinito es una contradicción lúcida. Un más que es menos, lo sumo ciego. Sólo queda el reflejo, la visión de los márgenes, de los límites.

(Fragmento de mi próximo libro: Magnífica miseria (dialéctica del romanticismo).

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Sé que tiene poco que ver con este post, pero le aconsejo que vaya a ver la película WALLE de inmediato.

http://es.youtube.com/watch?v=UblUO0LjPUg&NR=1

Vicente Luis Mora dijo...

Es cierto, José Luis, tienes que ir a ver Wall-e de inmediato. Por lo demás, recupero este poema mío de "Nova" (2003). Ya sé que las coincidencias no existen, pero me alegra que hables de esta pieza de Pistoletto.



TEORÍA DEL HUECO


Con unas dimensiones tan difusas
parezco una escultura de Chillida
un cubo de cristal de Pistoletto
un Giacometti hueco y material

mi cuerpo es un espacio trascendente
un cauce de atracciones contrapuestas
corporeizado en barro y aleación

puedo volver museos las estancias

mi vacío interior es infinito

josé luis molinuevo dijo...

Iré a ver Wall-e. Gracias por vuestra recomendación. Esta noche toca "El caballero oscuro", para mi colección de héroes del romanticismo negro.
Vicente, el poema excelente, otro pasadizo.Con tu permiso, lo citaré en el libro.
¿El "mi" también es un vacío? ¿Desde dónde se puede hablar de "mi"?