miércoles, 17 de septiembre de 2008

Arrebato



El paso del tiempo, los premios y la versión remasterizada de Arrebato (Iván Zulueta,1979) han situado a esta película de culto en el lugar que le corresponde: los colegios religiosos de ideario fuerte y las universidades místicas subvencionadas por gobiernos regionales.



Limpiadas "las puertas de la percepción" de la gazmoñería de la época (más de izquierdas que de derechas), todo queda reducido a la odisea ejemplar de unos "niños bien", a un "camino de perfección" en el que se pasa de la ascesis del cuerpo maltratado a la mística de la trascendencia inducida por las drogas que culmina en la disolución del Yo abducido por la IMAGEN.



El género al que se adscribe es una variante ibérica del "existencialismo místico underground". Queda resumido en una frase emblemática de Will More (personas y personajes son aquí lo mismo): "colgado en plena pausa, arrebatado". El existencialismo es la transformación que comienza con la pausa definitiva de la existencia cotidiana, continúa en el sobrecogimiento de una situación límite( angustia, náusea, arrebato), en la que tiene lugar una experiencia cuasi mística (aquí de bajos recursos) de desfondamiento del Yo inauténtico en la que emerge de esos fondos abisales la experiencia del auténtico Yo con tintes expresionistas. Se trata, en definitiva, de un éxtasis del Yo, de salida, abandono y recuperación, todo ello en un local abulense de los bajos fondos de Nueva York.



El arrebato es una situación límite, un temple de ánimo, un estado de suspensión de sí mismo que tiene lugar en la pausa existencial previa a la conversión en imagen. Su narración es la historia de una metamorfosis: la de la voz en susurro, la del cuerpo en imagen. El proceso, incontenible, desencadenado por la sobredosis de imágenes, se muestra en la mancha roja (icono de tantas películas) que avanza vaciando el cuerpo en la imagen, rezumando en la pequeña gota que se escapa de la vena.



La cámara dispara cadenciosamente (sobra el ametrallamiento final), mutando el ojo mecánico en colmillo: se va acercando y al fondo aparece un inquietante agujerito rojo, pequeña lámpara animada por la identidad que succiona. Es el único acto verdaderamente pornográfico, el del sexo con las máquinas, que dará a luz la imagen.
Respecto a lo otro, no hay que engañarse. Como enseña también Ballard, los excesos son el índice de las carencias, la abundancia de sexo revela la ausencia de amor, reducido a erotismo primario, que se corta al pretender otra cosa.



La auténtica pasión es la del cine, la de las imágenes, por ellas, no por lo que representan ni significan. De este modo, LA IMAGEN acaba siendo una identidad terminal, la plenitud del vaciamiento. ¿Acaso no somos imágenes de Dios? ¿No es la auténtica vida una vida en la imagen?. Sublime enseñanza.



La película se ve hoy como un homenaje, una declaración de amor a los juguetes rotos de una generación, a una generación de juguetes rotos, muchos de los cuales se quedaron por el camino, experimentando en propia carne el advenimiento de la nueva carne, de la carne de la imagen. Fueron lúcidos y generosos, no hicieron daño a nadie, si acaso a sí mismos.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Creo que lo he entendido; "estreñimiento de ideas, diarrea de palabras".
B. R. dixit

Horrach dijo...

Me pasé años escuchando maravillas de esta película, de modo que cuando al fin pude verla la decepción fue enorme. La etiqueta 'cine de culto' abarca demasiadas cosas (en ocasiones he leído a gente que la considera como tal al bodrio 'Pepi, Luci, Boom').

Para películas españolas de culto, y que apenas ya nadie ve, me quedo con la fascinante 'Después de tantos años' (1993), segunda parte del retrato de la tenebrosa familia Panero.

shalom

Perla del Turia dijo...

La verdad es que hasta la fecha no he tenido ocasión de ver "Arrebato" y la única referencia que tenía de la película, aparte de su malditismo, era el mítico póster dibujado y esas letras rojas como de music-hall. Reconozco que el vídeo me parece sugerente y que algún día la veré, porque los caminos de perfección por la vía de lo auto-destructivo son motivo clásico del arte y siempre entretienen una tarde de domingo...

Dicho esto, está claro que cuando una película es rompedora en su tiempo, es fácil que al cabo de los años parezca pasada, porque para romper con algo, hay que estar anclado a ese algo, así que el nexo será más que fuerte con el pasado que se pretende dejar atrás. Que las cosas se queden un poco anticuadas, a mí en el fondo me genera cierta empatía nostálgica...

Por cierto, José Luis, aprovecho para decirte que he descubierto hace poco tu blog y que me parece interesantísimo y muy estimulante. ¡Un gustazo en toda regla!!

josé luis molinuevo dijo...

La película pertenece a la memoria poética de una generación, pero también se puede ver sin desdoro históricamente, al lado de "El almuerzo desnudo". Y eso es importante.
Un abrazo