martes, 2 de septiembre de 2008

Política de la visión


(Wim Wenders. En el curso del tiempo,1975)

"Las películas siempre van de lo que tratan y de lo que no tratan. Una ausencia en una película también es siempre el tema de la película. En las mías no hay violencia ni sexo porque creo que son cosas con las que se puede hacer mucho daño. Sólo me gusta mostrar lo que de verdad me gusta. No me gusta enseñar algo y después decir que lo detesto. Pienso que el acto de hacer películas, lo que se lleva a la pantalla, es algo con lo que también te identificas. Por eso funciona tan bien la propaganda, porque en el momento en que la gente está ahí sentada y se proyecta algo en la gran pantalla, se crea automáticamente una especie de identificación. No te puedes distanciar de lo que muestras. Lo que filmas siempre es lo que que quieres, la expresión de lo que defiendes. Una película de guerra siempre es una película a favor de la guerra.Y toda película en la que aparece la violencia es una película a favor de la violencia. Pienso que la verdadera política es la que se hace con la visión. Es decir, lo que se muestra a diario a la gente, a las personas, es político. Todo lo que se muestra al ser humano es político. De hecho, los temas propiamente políticos son para mí lo menos político del cine. Lo más político es el entertainment. Y lo más político que se puede inculcar a las personas mostrándoselo cada día es: no existe el cambio. La idea de cambio se obtiene mostrando a la gente algo que esté abierto al cambio. Y éste es, para mí, el único acto político del que el cine es capaz: mantener viva la idea del cambio; no exhortar al cambio, porque creo que rara vez se consigue".
(Wim Wenders. El acto de ver. Paidós, Barcelona, 2005, p.68)(La cursiva de las líneas es mía)

Por motivos profesionales he tenido que volver sobre las primeras películas de Wenders, acompañado de sus textos sobre cine. Me parece advertir una fuerte tensión entre las imágenes y las palabras. De hecho, cabría resumir la propuesta de esas primeras películas como un vivir la enfermedad de las imágenes, ya que las imágenes son la enfermedad de la vida. Wenders es un yonki de las imágenes que moraliza sobre ellas por el peligro de sobredosis. Algo así como un Kant de la Crítica de la imagen pura.

En esa línea ha desarrollado toda una ecología (contra la polución de imágenes) y una política (de la visión) de las imágenes. Es difícil no estar de acuerdo con ello, que la verdadera política es la que se hace con la visión, otra cosa son los términos. Es decir, que esa política sea verdadera. Tiene razón en lo referente a los riesgos identitarios de la imagen, conscientes o no,pero es problemático restringir el criterio estético de la producción a mostrar lo que a uno le gusta, en el supuesto de que si muestra lo que no le gusta acaba haciendo una apología de ello. Es el mismo argumento que utilizaba Leni Riefensthal para defender su obra como una creación de belleza, pues bastante miseria había ya en el mundo.

El tema, como siempre, está en el cómo se hacen las cosas, en la forma. Al fin y al cabo no es poca cosa una moral de la forma. Se pueden hacer películas en las que aparezca la violencia como Promesas del Este. Y habría que darle la razón a Wenders. Pero también Underground de Kusturica y, entonces, estamos ante un verdadero pensamiento en imágenes. La vida, como decía Schopenhauer, es en conjunto una tragedia y, en concreto, una comedia.

Aunque las imágenes hablan por si solas, no me he resistido a poner alguna cartela.


(El mito de la caverna de Platón huele. Por favor, no nos salven, pero tampoco nos mientan)




("Una guerra no es una guerra hasta que el hermano mata a su hermano")




6 comentarios:

carlos maiques dijo...

Hola.

Muy interesante este texto, me ha hecho revisar unas cuantas imágenes dispersas, y algunas hasta las ha reunido. Un saludo y hasta otra.

Seguro que conoces el artículo, que no he podido encontrar excepto fragmentos, en la que Wenders expresa su opinión respecto a la adaptación fílmica de El Hundimiento:

“No basta con saber qué contar, también hay que comprometerse con cómo y desde qué punto de vista se cuenta. Las últimas dos preguntas fueron obviadas de forma desastrosa o, peor, se las evitó a conciencia”. (...)
“Hitler le pide a su ayudante que consiga nafta ‘para que los rusos no expongan mi cadáver’. ‘Una orden horrenda, pero la cumpliré’, responde el subordinado. ¿Y qué hace la película? ¡Cumple efectivamente con la orden de Hitler! ¡Todo vemos en El hundimiento, menos la muerte de Hitler! ¿Por qué de pronto es decente no mostrar, por qué esta repentina pudibundez? ¡Carajo, ¿por qué?! Cuando tiran la nafta sobre su cadáver viene ese corte, que todavía hoy me duele. ¿Por qué no mostrar que el cerdo al fin se murió? ¿Por qué rendirle este homenaje que la película no le rinde a nadie de los que mueren ahí en serie? ¿A nadie? ¡No! Hay otra muerte que es suprimida de este modo. Cuando Goebbels se para frente a su mujer como en un duelo de Western y alza la pistola, la cámara se aparta noblemente. ¿Por qué no podemos ver cómo mueren Hitler y Goebbels? ¿No se los transforma así en figuras míticas? ¿O es que esas escenas vendrán después, como extras en el DVD?”.

Sobre política, Wim Wenders ante el estreno de Land of Plenty.

http://www.elpais.com/articulo/cine/espiritu/americano/Wim/Wenders/elpepuculcin/20050408elpepicin_3/Tes

josé luis molinuevo dijo...

Hola Carlos, gracias por la cita y la referencia, muy útiles, y que centran el tema.
Efectivamente, la película "El Hundimiento" es una piedra de toque. Mi postura coincide con la actitud de Bruno Ganz al arriesgarse a protagonizar la cinta. Un icono de creadores progresistas que, al parecer, cambia de bando. Se le ha criticado que hace de su personaje un Hitler humano, demasiado humano, en su invalidez y desamparo. Pero difícilmente mitificable, a pesar de lo que dice Wenders. Por otra parte, se expresa muy bien lo que en otra frase polémica resumió muy bien Arendt con la "banalidad del mal". Los nazis no fueron, en general, "grandes criminales", sino pequeños canallas (a veces ni siquiera fanáticos) con muchos medios y eso, que fue entonces terrible, lo sigue siendo hoy día.
Mostrar esto, más que hacer declaracionaes altisonantes,sigue siendo un reto hoy día. Como sucede con "Underground".

Jordi Roldán dijo...

Hay atrocidades que cuestan enseñar, más que mil muertes, más que mil asesinatos y violaciones. Y es darse cuenta, que los que las perpetran también son humanos, que tienen nuestro mismo ADN y que se alimentan de lo mismo. Incluso leen, escuchan música clásica y demás. La transgresión estética de representar a Hitler como miembro de la especie homo sapiens sapiens, y no como un monstruo de dos cabezas, es tremendamente pornográfico, pero es real, porque en sus últimos momentos, lo más probable es que sufriera de esa manera. Que luego se le quiera dar otros tintes ideológicos es harina de otro costal, y el que quiera idealizar a los dictadores no necesitará de películas ni de escenas de su muerte.
Wenders bien en las pelis y las bandas sonoras que las acompañan, pero también es humano, y se equivoca como todos.
Excelente post, por otra parte como siempre JL.

josé luis molinuevo dijo...

Gracias Jordi, completamente de acuerdo. Lo que nos espanta del monstruo es el fondo humano de sus ojos.

Anónimo dijo...

Interesante reflexión sobre la adicción a las imágenes:

"De hecho, cabría resumir la propuesta de esas primeras películas como un vivir la enfermedad de las imágenes, ya que las imágenes son la enfermedad de la vida. Wenders es un yonki de las imágenes que moraliza sobre ellas por el peligro de sobredosis. Algo así como un Kant de la Crítica de la imagen pura."

Me ha hecho gracias que hayas puesto como imagen de cabecera un fotograma de El Curso Del Tiempo, ya que precisamente estos día he vuelto a verla, junto con Tokyo GA, también de Wenders, que versa de su adicción por el cine de Ozu, y además es documental, que siempre acrecenta la sensación del comedor de imágenes.
Saludos

Agustín

josé luis molinuevo dijo...

Gracias, Agustín. He vuelto a ver "Arrebato" de Zulueta: imágenes en vena.