sábado, 15 de noviembre de 2008

El arte en su sitio

Recomiendo el excelente artículo de Manuel Ruiz Zamora sobre La comercialización como obra de arte que publica hoy El País.
Nos escandalizamos hipócritamente por el supuesto fraude comercial en torno al arte, pasando por alto cínicamente el fraude teórico que lo legitima. La responsabilidad civil no parece afectar a los intelectuales. Por el contrario...

"Llamaremos "arte" a productos de la imaginación que aspiren a un alto grado de excelencia, pero que se encuentren integrados en las prácticas y necesidades de la vida cotidiana, tal y como está ocurriendo ya con las propuestas de las nuevas tecnologías..."

10 comentarios:

LUG dijo...

¿Qué es un fraude teórico?
¿existen los fraudes teóricos?
¿en qué mundo habitan?
¿junto a los malos poemas y los garabatos?

josé luis molinuevo dijo...

Los que se cometen elaborando teorías falsas a sabiendas, que se hacen pasar por verdaderas. No hay eximente de ignorancia y habitan en el nuestro.

LUG dijo...

Elaborar una teoría falsa a sabiendas, ¿no es también un ejercicio de imaginación, "simulacro" que pudiera concebirse como ejercicio literario ( y puede incluso, para legitimarse en el extremo, decirse que toda la filosofía - incluida, claro, la reflexión estética - es literatura, o "cae" en la literatura, y por ello no tiene sentido ese adjetivo?

¿Quiere decirse en la anotación que una teoría fraudulenta se diferencia de un "ejercicio de imaginación"(legítimo) por una suerte de intención torcida y perversa, inmoralidad del timo y del engaño consciente, buscando con la teoría el dinero o el poder o el abuso de becario/a? Pero ¿no es esa provocación perversa parte del arte?¿no puede aducirse la teoría fraudulenta como el doble perfecto del arte contemporáneo?¿No deja "fraudulento" - por oposición a recto, normalizado o verdadero y honrado - de tener sentido en este contexto de uso del mundo del arte?.

Quizás la forma de limpiar el juego de guiños e ironías que rodean la teorías fraudulentas sea asumir la definición de arte que citabas al final ---- ¿por cierto, no supone esa definición una negación del museo y la galería y la subasta... casi al modo "futurista" de la primera vanguardia?

Por cierto (dos), ¿no podría ubicarnos con ejemplos en el mundo de las teoría fraudulentas en sus anotaciones posteriores?
Gracias (por la blog).

Salud y librepensamiento

SeñorS dijo...

Es curioso que la provocación perversa forme parte del arte, que se haya institucionalizado

El pobre Duchamp arrojó urinarios a la cara del Arte y los neodadaístas los convirtieron en objeto estético y lo legitimaron como Arte (Hmmm... parece que tiene un aire a buda, ¿será esta banalidad signo cifrado de una trascendencia de segundo grado... y bla bla bla la hermeneútica asesinó a la obra)

La provocación ya no es lo otro del arte, y entonces pierde su sentido: el amo posmoderno no se escandaliza ante la mierda enlatada ni las vacas partidas por la mitad, sonríe y dice: de acuerdo, al museo, hagan chapas y pósters. El provocador se queda con gesto incrédulo pensando que algo ha fallado en el guión: nadie se escandaliza.

josé luis molinuevo dijo...

Cuando hablo de fraude teórico no pienso tanto en el arte sino en los que viven a su costa elaborando teorías esencialistas legitimadoras que nada tienen que ver con el arte propio de nuestro tiempo. Es el supermercado esencialista quien se burla de las mercancías que vende a buen precio.

logiciel dijo...

Esa misma pregunta se la planteó Tom Wolfe en 'The painted word'. Ahora parece más válida que nunca... o tan válida como siempre.

logiciel dijo...

Ah! El enlace:

http://www.billemory.com/NOTES/wolfe.html

Y eso sólo en cuanto a las teorías. ¿Qué hubiera escrito sobre las fraudulentas?

o no hay más ciego que quien se niega a opinar dijo...

Por volver a la referencia recurrente de F for Fake para aclaranos en esta preponderancia actual de la impresión del engaño, no sólo en el arte actual, sino en el de un panorama político gestado en "increíble atraco al imaginario" que supone la instrumentación del storytelling (Salmon dixit).

Mi impresión es que Welles concluye lo inevitable del arte como truco. No como una limitación hermeneútica, sino como una suerte de ardid prometeico.

Pero señalando la mentira del arte solucionado en una forma de autoría reconocida por el mundo del arte a modo de consenso de los expertos (esto es, un modo de control ideológico del Poder), apunta igualmente el sentido ético del engaño como forma de relato sostenido por el colectivo, en un construir una historia dialogada mediante un esfuerzo donde el ser humano viene a superar(se frente a) sus limitaciones naturales.

Es decir, el fake no es un bien o un mal en sí mismo más que frente a la necesidad de un apoyo metafísico. Por el contrario, el engaño es más bien una necesidad frente una imposición esencialista de la realidad. Y su sentido ético depende de si su proposición "relativa" pertenece a la historia del colectivo, o si viene por el contrario a escamotearla.

josé luis molinuevo dijo...

Muy oportunas las precisiones. La verdad es que yo me estaba saliendo un poco por la tangente. Lo que me preocupa en torno a este tema del arte es el "esencialismo blockbuster" montado. Tomo la expresión de Eloy Fernández Porta, de cuyo libro "Homo Sampler" me voy a ocupar en la próxima entrada.

o no hay más ciego que quien se niega a opinar dijo...

Yo lo resumiría en simples imágenes de esta manera. Volvamos a la tribu ante la hoguera.

De manejarnos en el arte como engaño (truco técnico), no nos salvamos (sin caer en respuestas metafísicas).

Podemos hacerlo apropiadamente. A modo de técnica insospechada usada con materiales sencillos. Creando fuego al frotar palitos que generan el valor añadido de un espacio de seguridad y comodidad. En torno al que se reune el colectivo para negociar un relato compartido. Ahí tendríamos el arte en manos de la gente para construir una historia (con mayúsculas?) que les pertenece.

O tenemos ya la inversión de esta situación original en la imagen de la caverna platónica. La gente dando la espalda al truco que constituye el espacio donde se gestaba su identidad como grupo, atendiendo a sombras en las paredes (museísticas?), e intentando comprender el sentido de una realidad cuyo artificio técnico ya no les pertenece. Sin poder convenir una historia compartida en el diálogo del fuego de campamento (donde se termina cantando juntos).


De alguna manera, algo hablamos Marcelí Antúnez y servidor hace un tiempo sobre la impostura artística y la situación museística actual, en un texto que subí el otro día a scribd actualizando mis cosas. Podrías darle eco en tu blog si te parece de algún interés.

link:
http://arcademayhem.blogspot.com/2008/11/performance-contempornea-razn-de-ser.html

Un saludo.