viernes, 8 de mayo de 2009

Contra Franco vivíamos mejor

Es una buena noticia la publicación de un nuevo ensayo de Kundera, Encuentro, cuya primicia adelanta hoy, viernes, El Cultural. Kundera es, valga el oxímoron, un posmoderno ilustrado, que ha mostrado con acierto en sus novelas las paradojas terminales de la modernidad en el siglo pasado. Bien distinto de los tirillas teóricos que remontan la posmodernidad a Homero o los cantamañanas, estilo Sirius, que cifran el inicio de las gestas de la contracultura en el mismísimo Abrahán, y no es broma.

Entresaco la siguiente cita:

“Oh, los queridos años sesenta; me gustaba decirlo entonces, cínicamente: el régimen político ideal es una dictadura en descomposición; el aparato represivo funciona de una manera cada vez más defectuosa, pero sigue ahí para estimular el espíritu crítico y burlesco”.

Más que cinismo parece kinismo, al estilo del que exponía Sloterdijk en su Crítica de la razón cínica desde su postura conocida entonces como (otro oximoron) izquierda heideggeriana. La oposición a una dictadura fuerte es una cosa y no se toleran bromas (como bien describió Kundera en La Broma), pero otra cosa es el momento de la descomposición previo a la transición. Entonces el intelectual podía, a bajo costo, ostentar un heroísmo kínico o bien en la crítica radical hermenéutica, o en la ironía y el humor del guiño cómplice. Los primeros eran, siguen siendo, unos pesados, y de los segundos maldita tenía la gracia.

En España, país de rebajas, no se conocieron las dos primaveras, la de París y la de Praga, pero sí una descomposición en toda la regla. Con la ternura con la que Baudelaire cantaba a la carroña se acuñó la frase: contra Franco vivíamos mejor. ¿Quiénes?. ¿Cómo?. ¿Y los otros?

El humor, la ironía, la risa incontenible rabelaisiana, que tanto gusta a Kundera, forman parte ya de la literatura de la democracia. Cualquier político que se precie aspiraba antes a ser importunado por Caiga quien Caiga, y ahora tiene pedida la vez para ser asediado por El Follonero.

A mí me encanta Kundera, y después de años de analizar la novela he vuelto a ver en la película a su antihéroe frágil, ambiguo, entrañable como su autor, a Tomás. Me encanta Kundera, pero, no puedo evitar sentirlo: ¡vaya pájaro!.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Puede que hayamos pasado demasiado deprisa de tomárnoslo todo en serio a tomárnoslo todo a coña. La pose que ahora toca es la de ser gracioso, agudo. Cuesta mucho no introducir un toque de ironía dicharachera cuando uno expone una idea, cuando expresa un sentimiento.
(Y de entre los creadores españoles contra Franco yo me quedo con Berlanga, con el que uno se ríe siempre secandose las lágrimas)

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A propósito de Kundera, y de Tomás:

http://www.nietzscheana.com.ar/fabula.htm

Es un esnsayo de Manuel Barrios Casares.

Un saludo.

Oche,

josé luis molinuevo dijo...

Muy oportuna la referencia al ensayo de Barrios. Gracias. De todas formas, sigo cuestionándome las "posibilidades existenciales" (para hablar en términos de Kundera) de esos personajes. Creo que van más allá de la indagación, de la "moral del conocimiento", que sólo dice perseguir Kundera en sus novelas. Es una moral de la ambigüedad que también se percibe en las películas de los años sesenta.