lunes, 29 de junio de 2009

Madre e Hijo







Sokurov. Madre e Hijo, 1997 (2005).
Es una bellísima meditación sobre el amor del hijo y la muerte de la madre, con el fondo sereno de la naturaleza espiritualizada. Cada mirada es un encuentro tardío, una despedida, una caricia que deja en las manos el rostro querido. Al final de la vida los papeles se invierten: ahora es él quien la lleva en brazos, le da el biberón. Y el último paseo: “Creación, eres maravillosa”. También los árboles de Friedrich, los farallones calcáreos, que tanto amaba. La compañía última de la mariposa, que alivia la postrera metamorfosis: “sabes, temo a la muerte”.

5 comentarios:

Pepo Pérez dijo...

Por una extraña asociación mental de imágenes (ni yo mismo la entiendo ahora mismo) me he acordado de EL OFICIO DE LAS ARMAS, de Ermanno Olmi (2001).

(Esta que comentas tiene una pinta impresionante, espero verla pronto)

josé luis molinuevo dijo...

Tomo nota, y un abrazo Pepo

Anónimo dijo...

...de paso, sólo para expresar mi hermandad de sentimiento... hermandad, creo, más fuerte que las políticas empleadas en la afirmación de las diferencias...
(Francisco Carvalho - desde Brasil)

Mnemósine dijo...

Si que es una meditacion bonita,si. Espero tener la oportunidad de poder hacer por mi madre lo que ella ha hecho por mi. Gracias por esta reflexion

Anónimo dijo...

Sinceramente, lo de la mariposa me parece que es cursi aunque con sentido.
Vaya, es amor de hijo a madre y no viceversa, esta bien.

una que no es madre aún