viernes, 29 de enero de 2010

Retorno a Marienbad

He intentado volver a ver (al menos eso creía) El año pasado en Marienbad, de Alain Resnais. En mala hora. Nada más comenzar a desgranar la voz en off los textos de Robbe-Grillet retornaron las peores pesadillas del cine en cueva de arte y ensayo. Ahora puedo decirlo sin miedo, aunque por ello sea tachado con razón de inculto: esas películas siempre me parecieron un tostón insufrible. Todavía recuerdo las secuelas que me dejó un visionado a traición de Dante no es únicamente severo. Es cierto que nadie me mandaba ir, pero la debilidad ante las malas compañías, el que formaba parte de los ritos de cortejo sin apareamiento de los estudiantes de filosofía, que Susan Sontag había escrito que era toda una forma (se entiende que buena) de vida. En fin…

He apagado el ordenador y acudido, como Francisco Rico, a Google para obtener criterio y, a ser posible, remedio a mi incapacidad. Leo en una entrevista a Robbe-Grillet que, al estar censurada la película, antes de que ganara el León de Oro de Venecia, se la pasaron en privado a Sartre. Comenta dolido el entrevistado que Sartre prometió una ayuda que nunca llegó. En otro link se precisa que, en realidad, Resnais quería dedicar la película a Sartre, pero que este lo rechazó ya que no le había gustado.

¡Ya está claro! La negativa de Sartre explica mi alergia. Acostumbrado a ponerme en vena a diario unos gramos de Ser y Tiempo de Heidegger, más otras porquerías, tenía por fuerza que resultarme insulso y pretencioso el diálogo del guionista, por no hablar, como lo haría mi colega Sartre, de las imágenes burguesas de los castillos y las estatuas vestidas de noche, que ya ni las miraba. Ahora que recuerdo, mi “generación” (como dicen todavía algunos), no veía sino oía las películas. O, mejor, las leía. No sé si sigue pasando lo mismo ahora. Por si acaso…

Acabo de hacer la prueba. He vuelto a encender el ordenador y suprimido el sonido. Por fin he podido ver la película y, siguiendo las recomendaciones del director, su puesta en escena, arquitectura y escultura. Ahora es el hotel y los castillos quienes muestran sin hablar. No hay nada (entiendo la reacción adversa de Sartre) de existencialismo de la decisión y sí mucho de la modernidad melancólica de la in-decisión. Una modernidad laica de sacra conversazione renacentistas que ahora llaman de tiempo suspendido e imágenes en espera. Pero que no hablan. Y así no es que, como pontifica Barthes a propósito de esta película, defraude un sentido pero abra otros, sino que no hay sentido. Por ello tampoco me molesta ideológicamente la envoltura burguesa de las imágenes. Como dice el gran Geoffrey Carey en el vídeo de una exposición de Dora García, la vanguardia en el fondo lo que quiere es conducir un Volvo. Ni semiótica ni moralina, puro fitness mi semejante, mi hermano.

5 comentarios:

Horrach dijo...

Me decepciona su comentario, señor Molinuevo. Para empezar, no sabía que pertenecía al grupo de gente que reniega de cosas que le gustaban hace décadas siguiendo únicamente criterios de moda. Paralelismo semejante siguen aquellos que fueron marxistas-maoístas de adolescentes y que ahora se encuentran en la orilla contraria: ni sabían nada de Marx antes ni mucho menos lo saben ahora. En cuanto a su comentario, no aprecio ni siquiera un mínimo de curiosidad seria por tratar de entender el sentido de este trabajo de Resnais y Robbe-Grillet, y sí mucha pereza disfrazada de cinismo. Creo que una película como Marienbad merece un poco más de atención.

saludos cordiales

josé luis molinuevo dijo...

Me confunde Sr. Horrach y veo que sabe poco de mí. No fui marxista, ni tampoco me gustaron esas películas cuando las vi. Por ello no juego ahora tampoco al cínico desencantado como según usted, y creo que tiene razón, hacen otros.
Si entonces no era capaz de verlas era por una recepción existencialista que los propios directores (ahora lo he leído) estimaban equivocada, pero que estaba generalizada entre los intelectuales de aquel tiempo. De seguirlo haciendo así me temo que esas películas envejecerán rápido, sólo aptas para habitantes de la caverna. Pero el caso es que interesan a mucha gente joven, de la que ve también "Avatar", y no saben nada de los "Cahiers".
Ahora no me interesa la "idea" sino la imagen de la película. No es la "pura forma", es que no hay más, somos seres de superficie y por ello el mayor elogio debería ser que somos "auténticamente" superficiales y vividores. Pero ya se sabe que con la tradición platónico-cristiana esto no es de recibo.
Por último, estoy escribiendo un libro sobre la imagen no narrativa, y para ello me he visto unos cientos de películas desde aquellas hasta hoy. Intento filosofar en imágenes. No sé cuáles serán los resultados pero molestias, créame, sí que me tomo.
Un cordial saludo desde la lectura atenta de su blog.

Horrach dijo...

No pretendía decir que usted hubiese sido marxista, pero era un ejemplo analógico que me venía bien, dado que pertenece a la misma generación que ha incurrido en esos cambios de chaqueta tan sorprendentes.

Una vez hechas las matizaciones, respeto su punto de vista sobre Marienbad. No es el mío, pero me parece bien la discrepancia. Me gustaría justificar la mía con un poco de detenimiento. Tal vez para una entrada en mi blog, veremos.

saludos

Anónimo dijo...

¿intenta filosofar en imágenes y escribe un libro? ¿cómo se come eso?
¿no sería mejor hacer un tebeo o una película?

Anónimo dijo...

Da gusto leer un comentario honesto sobre una película insufrible. Cuánto tiempo perdido viendo películas de arte y ensayo, y algunos siguen sin encontrar nada mejor que hacer. Marchar de cooperante a Haití, no es mala idea.
Germán Mercaderes