martes, 23 de febrero de 2010

París



4 comentarios:

Anónimo dijo...

para algunos puede. ya no somos los mismos.

aunque todo depende de lo que demos, todo es un juego a veces. O ...si hay amor todo cambia. Soy estúpidamente romántica a veces, por eso me fuí a París... y busqué algo que nunca encontré, pero levanté mi sombrero muchas veces. ...volví por esa "mierda" de los zapatos o que sé yo.

(la de siempre) A.B.V

http://www.youtube.com/watch?v=boG89R7s66A&feature=related

http://www.youtube.com/watch?v=wsHS9oJKx3o&feature=related

Dillinger dijo...

Ese zapato está hablando. ¿Qué dirá? ¿Porquería de París?

Estupendos siempre estos versos visuales. Estos fotogramas que construyen tus particulares haikus.

Saludos de dillinger.

josé luis molinuevo dijo...

En "El signo del león" de Rohmer observamos uno de los recorridos más angustiosos de la historia del cine, pero sin estridencias, y hasta con final feliz. Es Pierre el frustrado heredero que recorre Paris y sus alrededores tocando todas las puertas que se le cierran, muchas de ellas porque sus moradores están fuera. El deterioro físico presente en el acentuado desaliño primero, las manchas que se acumulan en la ropa después, la barba crecida y sucia, la camisa deshaciéndose en jirones, los zapatos que se abren como la boca hambrienta, los pequeños hurtos… Acaba bien, y suponemos que debería haber aprendido de la condición humana, pero termina con la escena que sugiere la vuelta al derrochador del comienzo, que parece no haber aprendido.
No es el París del turisteo, pero "Charada", como dicen, bien vale una misa.
Gracias Dillinger, en eso estamos
Saludos

Fram dijo...

Es curioso que Pierre, ya en el final de su viaje hacia el deterioro, se salve porque por un momento recupera su "música", su status de pureza creadora, que permite lo reconozcan sus amigos. Ese mismo momento de recuperación y reencuentro consigo mismo es el que posibilita que de nuevo vuelva a alejarse y a convertirse en el vividor manirroto y frustrado incapaz de sacar su obra adelante.