domingo, 25 de julio de 2010

€®O$


€®O$ es el título, de un simbolismo barroco minimal, capaz de alojar en este libro el máximo de inteligencia en un mínimo de espacio. Nada de lo contemporáneo le es ajeno.

Su lectura debería ser de obligado cumplimiento en la puesta al día de hábiles reporteros de revistas culturales que a estas alturas del sampleado todavía tienen el cuajo de hablar de “cultura de masas” en el siglo XXI, o plantear preguntas capciosas que un niño de teta sortea ya con desgana: ¿quieres más a mamá (alta) o a papá (baja cultura)?. En este sentido es magistral la descripción que hace Fernández Porta de la mutación que experimenta la marca existencialista “vacío” desde la “subjetividad de lujo” del Nuevo Cine Alemán a lo más arrastrado de las películas de adolescentes con picores, con pausa obligada en las reflexiones esencialistas que se destilan en un bar de cañas.

La mutación ha entrado en un tercer estadio: antes lo importante era el tema, más tarde el cómo, la forma, ahora ni siquiera es el ponerse en lugar del otro, sino en ser otro sin dejar de ser uno mismo, es decir, de Prometeo a Proteo. La metamorfosis no es fácil. Lo que el libro muestra es que estamos acostumbrados a leer con las gafas de los conceptos cuando en realidad vemos con los ojos de las emociones. Incluso la mejor filosofía de la historia de la filosofía es travestismo emocional reprimido que sólo ahora se atreve a salir del armario. Es puro concepto emocional, sabia administración conceptual de los afectos, más aún, mercantilización de los mismos en los conceptos. Siempre han jugado con las emociones despistándonos con los conceptos. Como en los anuncios publicitarios. Por ello su recepción nos convierte en seres frágiles y desvalidos, con una escritura a medio camino entre Hegel y Corín Tellado. Nos sentimos estupendos, pero da vergüenza ajena. O no, como diría Rajoy.

En la cruzada paródica de la jerga de la autenticidad que Fernández Porta lleva a cabo en sus libros le toca esta vez el turno a Heidegger. Es lo mejor que se ha escrito desde la pesada broma teutónica de Günter Grass en Años de perro. Muy recomendable para doctorandos iberoamericanos incipientes, aunque los ingresados en la secta sean ya inmunes. Aquí el entrañable “rey oculto” (Hanna Arendt) de la Selva Negra es presentado como miembro de la facción gallega de la boina. Se repasan citas inolvidables como “El hombre es un ser de lejanías”, frase cursi donde las haya, popularizada en España por el casticista Umbral. Y, ya metidos en la jerga de la autenticidad, ¿para cuándo Eloy la parodia de Walter Benjamín, la Belén Esteban de las citas blogueras modelnas?. A fin de cuentas, ¿quién no ha tenido alguna vez veinte años? ¿quién no ha citado al menos diez veces en vano La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica?

Si acaso llama atención un poco (no sabemos si es otra parodia) la terminología vintage que se usa con frecuencia en el libro, como la de “capitalismo de consumo”, de la mano de autores venidos a menos como Baudrillard o el promiscuo Zizek, o el deslucido Deleuze. Que yo recuerde en España sólo la maneja un situacionista rezagado, autor contumaz de kilométricos manifiestos cabreados, a la espera de un puesto que no acaba de llegar. Con ánimo de ofender, (pues sé de la manía de Fernández Porta al término) yo diría que ha escrito un libro humanista (en el sentido de Houellebecq) e ilustrado, una pieza clave en la crítica de la emoción, de los afectos, del “¡atrévete a sentir!”, que estamos esperando nada menos que desde Ovidio.

10 comentarios:

Anónimo dijo...

Cuando Fernandez Porta deja su prosa seria y le da el punto graciocete dan ganas de tirar su libro a la basura, página 57,se explica que la noción de vacío patentada por Jean Paul Camus y Albert Sartre (humor FP) se vuelve vulgar desde que un día un currante agotado y molesto dice en la barra de un bar: “Me siento vacío”, esto me hizo acordar a un borrachín al que oí una vez decir: “El matrimonio es una sociedad”, una frase que podría resumir el libro de FP, al menos hasta donde lo leí antes de tirarlo a la basura.

Xavi Lyon Lynz

Anónimo dijo...

Hombre, es cierto que el libro habla del carácter calculador y financiero de las relaciones afectivas, algo que ni un niño de teta ignora, pero el autor aborda el tema con un nivel teórico e intelectual que te cagas (del mismo modo que no es lo mismo cuando Sartre o Camus hablan del vacío que cuando lo hace el señor del bar de cañas). Y, como dice el señor Molinuevo, Eloy no deja bobada contemporánea sin analizar, con esa mala leche tan suya que ya se le ve en la cara. Así que creo que se le pueden perdonar sus bobadas creativas, que por otra parte a mí me parecieron superoriginales, como los escritos desde el futuro. Anda, ve a buscar ese libro al contenedor de papel que vale la pena.

Anónimo dijo...

Jaja, marchando lo de Belén, digo lo de Benjamin: ya tengo alguna cosa escrita al respecto. Por cierto que el capítulo sobre el Ser en la Televisión tuvo una fuente de inspiración en este mismo blog, en un post memorable sobre la Cabaña de las Cabañas. Por si algún lector no lo recuerda, adjunto aquí el enlace:

http://joseluismolinuevo.blogspot.com/2008/10/la-cabaa-de-heidegger.html

El comentario de José Luis, combinado con alguna otra lectura al respecto, me llevó a pensar en otro género donde también tiene mucha importancia la imagen de la casa austera y destartalada: los programas de televisión del tipo "Cambio radical", donde vive el paleto-como-Ser-Esencial, hasta que llegan los decoradores modernos a cambiarle la casa. Redecora tu vida, vamos.
Saludos,
Eloy

logiciel dijo...

No lo sé con seguridad, pero tengo la sensación de que el terreno examinado se limita al interné.
No olvidemos que hay otras formas de vida más allá de las pantallas, pequeñas medianas o grandes. Como mínimo para algunos.

El otro día oí una entrevista por la radio en la que el entrevistador consultaba el google para seguirle la conversación al entrevistado. Curioso.

josé luis molinuevo dijo...

Cierto Eloy. Desde ET a The Wire el tema de la casa sigue siendo el central, ya sea la galaxia o el distrito oeste de Baltimore. En la baja y alta cultura, como en casa, en ninguna parte.
Abrazos

Anónimo dijo...

Lo mejor de saber muchísimo y haberte pasado de desmitificador hasta volverte irritante es bajar la barrita del explorer y ver un vídeo de la Creedence...

Anónimo dijo...

José Luis, quizá en nuestros respectivos paseos por los caminos de bosque hemos pasado por alto el uso más apropiado del Sein Zum Tode: "En la tauromaquia hay espectáculo con sangre, sufrimiento y muerte pero también arte, el arte de Cúchares, valor, ritmo y gracia, belleza en suma y reconocimiento de la dignidad del toro de lidia, producto ecológico y muestra de la biodiversidad. Al toro le conviene también tal que al hombre la calificación de Heidegger como "ser para morir". Y en fin, hay un público." (Rafael de Mendizábal, "Regular no es destruir" en El País).
Eloy

josé luis molinuevo dijo...

Y es que el toro, aunque parezca mentira, también tiene su Dasein. Cuenta Habermas que le dijo Rorty que según su hija el cáncer que tenía era debido a leer demasiado a Heidegger. No es broma, aunque tiene su punto de crueldad. Pero ya puestos, ¿es cierta la noticia de que también se va a discutir la prohibición de celebrar pública y periódicamente otros ritos de sangre?

logiciel dijo...

En mi casa sí. Pero es que aquí gusta más bien poco. No sé por qué será.

Anónimo dijo...

Buena lectura. Terapia de shock para hacer saltar los sentimientos por los aires. Una pena que el sesgo de quienes viven la vida a través de las pantallas sea tan poco válido para analizar la experiencia contemporánea en su totalidad, porque la aproximación es la que más ruido mediático hace y mejor funciona. De ahí quizás algunas de las críticas negativas que se le hacen in-merecidamente. Fernández Porta es un gran autor de ficción. Un creador atrapado en el cuerpo de un teórico. Y esperemos que uno de los grandes novelistas que nos depara el futuro cuando se decida. No hay que perderse ni una linea suya. Aunque joda. O tal vez por eso.

Un lector.