jueves, 8 de marzo de 2012

el ocaso del flâneur



Hay dos clases de flâneur: del camino y de la calle. El de la estética rural heideggeriana "por el camino verde que va a la ermita", y el benjaminiano que merodea por los pasadizos de la metrópolis. Este último no tiene mucho porvenir. El ocioso callejeador que se detiene mirándolo todo, especialmente el variado interior de los coches aparcados, es captado rápidamente por las múltiples cámaras y corre el peligro de ser detenido por sospechoso de buscón o buscona. O, lo que es todavía más probable, de ser arrollado por alguno de los caminantes (The walking dead) que a toda pastilla hacen su paseo terapéutico. Corren malos tiempos para el flâneur.


10 comentarios:

Edelweiss dijo...

para pasear, caminar despacio y detenerse hay que madrugar...o no comer.

Diego dijo...

Vivimos tiempos de guerra, nos dicen. Pero también más: que el enemigo somos nosotros.

Anónimo dijo...

El flâneur urbano ahora va en bici y por la acera (¡gracias Plan E!). Su anonimato no consiste en ser otro número en medio de la gran ciudad sino en ir de frente y resultar un tipo molesto para el peatón, que quiere quitárselo de encima cuanto antes (le pondrían una alfombra roja con tal de no volverlo a ver).

Manuel dijo...

Sí, camarón que se duerme se lo lleva la corriente
Aquello de :
Iba en una calesa pidiendo guerra
y yo al mirarlo me estremecí
Y el al notarlo bajo del coche
y muy garboso se vino a mí
pisa morena , pisa con garbo
Que un relicario , que un relicario
me voy hacer
Con el trapito de mi capote
que haya pisado, que haya pisado
tu lindo pie
Que buenos tiempos aquellos en que no había prisa ni gran hermanos vigilando tus pasos
Saludos

Eugenio dijo...

Está tambien el flaneur motorista que amparado en el anonimato del casco insulta impunamente a los automovilistas cuando les recriminas una mala acción.
Me gusta walking dead aunque el elenco es algo flojo, me gusta mucho Alcatraz
Muchas gracias por sus libros, me parecen estupendos y necesitaba tener algo así, el retorno a la imagen que empieza con el gran Herzog le voy a leer ya, creo que el arbol de la vida y el cine de Kieslowski tiene mucho de Herzog.
Me llamó mucho la atención lo del quijote de Albuquerque, por la cosa que esta ciudad tiene una r menos que el pueblo de Extremadura
, las series también me interesan mucho, en fin que gracias
Chao

Sonjacasta dijo...

Hay un nuevo tipo de flaneur, el del internauta que deambula entre las imágenes y vídeos de ia red en busca de paisajes para sus pensamientos. Aunque también pronto la zarpa vigilante pondrá cercos eléctricos.
Saludos

josé luis molinuevo dijo...

El flâneur clásico parece necesitar tiempo, ¿tiene esa paciencia el digital? Gastamos mucho tiempo procurando no perderlo. Recomendación de la cámara como flâneur, el capítulo 1x6 de The river, contrapunto al 1x2 de Black mirror. Nunca pensé que diría esto de Spielberg.

Sonjacasta dijo...

Cierto. Una de las características del consumo digital es la falta de paciencia del internauta clásico. Hasta el éxito o fracaso de una página depende de la velocidad de apertura, si ésta supera las 250 milésimas de segundo el internauta desiste y abandona su interés. Existe poca escuela de la contemplación, y mucho menos de la paciencia dentro y fuera de la red. En general, creo que el mundo está contaminado por el espíritu fastfood, el apréndalo rápido, consígaro ya, use-tire, por la fobia a la pausa. Creo que la mirada y la velocidad guardan estrecha relación, sí. No todos los internautas son flaneurs, como tampoco lo son todos los hombres fuera de la red. Probablemente se pueda acotar demográficamente al internauta flaneur al cual me refiero y casi seguro que está por encima de los 35 años. El que deambula, contempla, busca información en la red (no todo tipo de información), da tiempo al tiempo, es al que me refiero. Me incluyo entre ellos.
Saludos.

David Porcel dijo...

Recomiendo la estrategia del estanquero de Smoke (Wyne Wang, 1995): contemplar la novedad desde un punto (y un momento) en que te ven, pero no te miran. Saludos.

Anónimo dijo...

Cierto David. Los que hemos trabajado detrás de una barra nos ha pasado lo mismo. La gente hablaba entre ellos de casi todo. Me parecía increíble que no se diesen cuenta que entre ellos y yo sólo mediaba un trozo de madera.