domingo, 21 de noviembre de 2010

copia y original











El viaje a Italia ha sido siempre, al menos desde los románticos alemanes, el punto de inflexión de una vida. Goethe dice que le cambió para siempre. Naturalmente, Italia era lo de menos, de hecho casi ni la veían. Lo que buscaban, en realidad, era a ellos mismos en la pintura, los restos del pasado y, sobre todo, el paisaje a pleno sol. Allí creían recobrar su ser original perdido en las copias grises de la vida rutinaria y burguesa. Algunos se quedaban para siempre, otros se volvían para escribir su Viaje a Italia, el testimonio de la crisis, de la crisálida.

Rosellini, también desde un coche, escribió otra crónica de desamor con final feliz, y ellos se volvieron a encontrar en la pareja de enamorados a los que sorprendió abrazados la lava del Vesubio en Pompeya. También Ingrid Bergman tuvo su viaje a Italia. Pero la película de Kiarostami no es una cita en forma de homenaje a Rosellini o Antonioni. Admiramos en La Noche la leve sonrisa de La Moreau, y su gesto de desprecio en la comisura de los labios ante la deriva fracasada de su marido escritor de éxito. Se recorren los exteriores de La aventura con visita incluida a iglesia en plaza de De Chirico. Las dos son, ciertamente, crónicas de un desamor, pero si algo tienen en común es que son películas de alguien muy cercano que se ha convertido ellas.

La película de Kiarostami sólo existe porque actúa Juliette Binoche, ella es la película, no los diálogos, ni las citas cinéfilas. La película se resume en una actuación, los demás son espectadores, el “resto es silencio”. Pocas veces se puede ver a una actriz en estado de gracia, como ahora: es toda una sinfonía del cuerpo llena de matices, de gestos que pasan de la sonrisa a la melancolía, de la alegría a la preocupación, del lirismo al fastidio por el incordio doméstico del hijo adolescente, de la ternura más allá de la incompresión por el ser amado devenido extraño.¿Se puede volver a empezar? La vida se le va y todavía goza de las pequeñas cosas. Es el último gesto contra el tedio instalado en un matrimonio que ha ensayado en la ficción un nuevo comienzo: volver a ser extraños que se atraen. O al revés, la protesta contra un futuro ya escrito.

Es una constante en el cine de Kiarostami la mezcla de cine y vida. Pero en esta película muestra en imágenes que, aunque en literatura se pueda frivolizar irónicamente sobre el original y la copia, hay un momento en la vida de algunas mujeres que no tolera esas bromas, y reclama su original, o al menos lo intenta. Porque el tren de ellos quizá salga a las 9, pero no antes de haberse mirado en el espejo de ellas. Es una oportunidad.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

no vi esa película aún. Quería ir por Binoche, y porque
desde que tengo este año sabático pretesis madrileña y les abandoné a ustedes, me dio por actuar y cantar. así que no perdono una tarde de cine.
En Berlín ,me dicen, quieren mostrarme la escuela de cine. En dos horas salgo. (tengo miedo la verdad, pero ni siquiera sé porqué).

¿seré una copia de algo? (un director me dice que me mire al espejo una y otra vez para ensayar, sola, en casa..., pero ellos no saben lo filosófico que resulta eso...)
sí, tengo Miedo! pero algo me dice que voy bien.


venga, hoy ...otra de las mías!

http://www.youtube.com/watch?v=jETlH5B0lb8&feature=related

M.E.A.B. dijo...

Yo quiero viajar a Italia, otra vez.