El enfoque “sociofilosófico” de los autores no puede ser más
diferente del utilizado por Heidegger para caracterizar su pensamiento y el de
aquellos a los que “interpretaba” o, según él, con los que “dialogaba”. Es
conocida la anécdota del comienzo de un curso sobre Aristóteles: Aristóteles,
nació, trabajó y murió. Ahora pasemos a estudiar su filosofía. Significa la negación
del contexto social y vital para entender una filosofía. No estoy de acuerdo
con ello y cabe hacerse la pregunta sobre el papel del “contexto” para
interpretar una obra. Creo que el contexto debe salir del texto mismo como
necesario para su comprensión y no servir de marco externo que limite la mirada
y no forme parte de él. Esto afecta al estudio de la “recepción” misma de los
textos. Sin que menoscabe los reconocimientos hacia la valía y oportunidad del
libro antes expresados, tengo la impresión después de su lectura que el enfoque
“sociofilosófico” deriva, más bien, hacia un marco “sociopolítico” y este a las
circunstancias concretas del compromiso de Heidegger con el nazismo, nuevamente
desde la perspectiva de la polémica suscitada por el libro de Farías y, más
tarde la aparición de los llamados Cuadernos negros.
El libro trata de la recepción, cierto, pero desde una
perspectiva que predomina sobre las demás: “el caso Heidegger”. Puntualizando si los
receptores hacen o no mención al compromiso nazi de Heidegger y como lo
valoran. Papel nada desdeñable es el que juegan en todo ello las oscilaciones entre los
cerrados académicos autores de su “canonización” y los debates periodísticos.
Lo discutible del procedimiento tiene una muestra en la valoración de lo que
ocurrió ante otro “caso”, “El caso Lledó”. Se afirma en el libro: “En el futuro
(1987), al encontrar vetado su acceso a una cátedra en la UNED, daría lugar a
un sonado escándalo en los medios universitarios y periodísticos («el caso
Lledó»)” (no doy páginas de la edición digital que manejo). En realidad, el
escándalo se originó por la oposición a una cátedra de Historia de la Filosofía
Moderna y Contemporánea en la Facultad de filosofía de la Complutense. Es un
error puntual. Hay también alusiones al “colectivo” Rábade en el “Sancta Santorum” [sic]
que era la Facultad de Filosofía de la Complutense. Sobre el profesor Rábade
cabe reseñar su labor incansable por crear una espléndida biblioteca de obras
fuente de filósofos de la que se carecía. En cuanto a tendencias políticas…No
dejó de sorprendernos el decidido apoyo de Jacobo Muñoz a Rábade frente al
candidato izquierdista y del PSOE Francisco Bustelo por el rectorado de la
Complutense. Son solo anécdotas de una situación difícil de encasillar al modo
binario y de la que los autores del libro parecen tener solo un conocimiento parcial.
Mi experiencia como alumno de la especialidad de Filosofía (después de los
“Comunes”) y luego como profesor dando clase de Historia de la filosofía Moderna
y Contemporánea en la misma aula de Ortega (no sé si con el mismo vetusto encerado y
las ajadas persianas de madera todavía) mi experiencia es bastante diferente y,
una vez más, mucho más compleja. (Seguirá)







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