Este es un ensayo honesto y excelente…con el que no estoy de acuerdo. Es ensayo en la forma ágil de abordar el tema, a ratos distendida, otras veces manejando con cierta profundidad conceptos filosóficos, y siempre tratando de entender lo que está pasando respecto a lo que preocupa a la autora: si el empleo de la inteligencia artificial generativa significa el fin del arte, aspecto este último que en el título alemán aparece con interrogación.
Es honesto porque en el prólogo mismo está ya todo. Expone,
no solo cuál es su objetivo, sino también sus intereses y el punto de vista que
va a adoptar, lo que explica, pero también condiciona el desarrollo. Así: “Este
libro abordará esa cuestión desde la estética filosófica”. Y también: “En
general, hablaremos más de estética que de inteligencia artificial”. Porque el [no]
arte elaborado por la inteligencia artificial “nos sensibiliza” para tratar
cuestiones estéticas, y la que emerge una y otra vez a lo largo del ensayo es
la de la “autoría”. Estética filosófica, pues, con el tripartito de autor, obra
y receptor y un concepto de arte a determinar desde la filosofía del arte
empezando con el diálogo con Hegel, seguido de Danto.
La honestidad es sinónimo de excelencia cuando, por una
parte, la autora examina a cada paso las diferentes opciones que se ofrecen, no
solo con citas textuales abundantes sino analizando el uso de los diferentes programas
de inteligencia artificial y sus resultados. No solo eso, sino que no obvia aquellas
tesis que pueden no concordar con las que ella defiende, no las oculta y no las
exhibe para refutarlas sino para ayudar a mejor entender el planteamiento del
problema que está tratando. Es algo inhabitual y recuerda a lo que decía Adorno
de que un pensamiento solo es verdadero si va contra sí mismo.
Un ensayo honesto y excelente…y ahora vienen los
desacuerdos.



















































