sábado, 18 de junio de 2011

los "indignados" de la caverna platónica.

Lo más interesante de los mitos es el día después: el héroe ya mora entre nosotros, se hipoteca, tiene una familia, conoce lo que es el desgaste de la inmortalidad en el trabajo, en fin...todas esas cosas que nos encantan en las series de culto del astuto Simon.

En una posible secuela de Matrix el "traidor" Cifra se rebela contra ella,así,en su conjunto, no porque haya descubierto la ficción de la carne que consume (siempre lo ha sabido) sino porque ya no hay carne de ficción. El sistema no cumple sus promesas, lo digital ya no da suficiente leche para todos, demasiados loros políticos tomando chocolate, en estas condiciones no es posible llevar una vida de ficción. Repárese en que Cifra no está contra las leyes, sino sólo contra que no se cumpla la ley, es decir, que no sea igual para todos en Matrix. Ante la fundada sospecha de que Neo, el "elegido",el Führer, es un antisistema que acabará instaurando su propio sistema en las catacumbas, Cifra se une a otros en la red para elegir un destino ciudadano equidistante de la dictadura y el "desierto de lo real".

Algunos educadores, empeñados en embrutecer a nuestra juventud, gustan de poner en relación la película con el mito platónico de la caverna. A su juicio, constituye una clave de la condición humana en general, y de la engañosa sociedad audiovisual en que vivimos, en particular.Pocas cosas hacen tanto daño al humanismo como este tipo de interpretaciones del relato platónico.

Lo cierto es que los encadenados se han indignado, no con la película que les ponen, y que se saben de memoria, sino con quien se la cuenta: el narrador omnisciente es un chorizo. Pero son gente pacífica, y no le sacrificarán, como sugiere el cruel relato platónico. Porque lo cierto es que el sistema ama a los antisistema, tipo "cojo Manteca", pero teme a quienes simplemente recuerdan sus promesas y sus hechos, le amarga sus festivas tomas de posesión y, lo peor de todo, impide los deshaucios. Ahora sí que algunos "elegidos" empiezan a gritar: !Auxilii!.

7 comentarios:

Programa 3.6 dijo...

Si pudiera abriría un cine en marte con un robot explorador contemplando la película subtitulada con tus textos!

Borre Kool dijo...

Es solo una pelicula, por lo tanto todos entendemos que es ficcion :)

Mara dijo...

Gracias por tu ayuda, en ese intento mío en salir de la caverna.

Desde luego, siempre he pretendido hacerlo; aunque, he sido y soy consciente de mis limitaciones, y lo pretendo, solamente, en la medida de mis posibilidades.

Un abrazo.

Eugenio Sánchez Bravo dijo...

Muchas gracias por compartir este post. Me está dando mucho que pensar. A partir de estas dos tesis:

- "Neo=Führer".

- "El narrador omnisciente es un chorizo".

deduzco que:

- Cuando no se reconocen los límites de lo humano es inevitable que se abra el camino del fascismo.

- Es esencial ese saber de las sombras del que Platón se burla en el mito. O como dice el poema de Carlos Marzal titulado La caverna: "No obstante, en este claustro reina un orden,/ hay un talento de habitar las sombras,/ un saber desvalido salvaguarda/ la paz inconsistente en que vivimos."

- En la "engañosa sociedad audiovisual" en realidad fluyen una nueva ciudadanía y verdades como martillos.

Un saludo.

josé luis molinuevo dijo...

Gracias a ti, Eugenio. Estoy completamente de acuerdo con las deducciones y la cita de Carlos Marzal es admirable.
Me parece que el relato platónico es un fake: hecho desde un narrador omnisciente que parece que está dentro, comprendiendo, pero, en realidad está fuera, juzgando.
No es nuestra situación, y creo que describirla distópicamente como un grupo de encadenados a la espera de un salvador que nos explique la verdad y nos salve, es todo lo contrario de una estética ciudadana responsable. Todo depende de nosotros, y no de un Führer, de un "elegido" (¿por quién?, mesías, filósofo, poeta, profeta o gurú.
Cada vez me gusta menos la astucia socrática y más la llaneza presocrática.

Edelweiss dijo...

Firmo todo lo dicho.

Rigaudeau dijo...

Visto así, entonces, ¿da por acabada toda crítica política profunda a las bases del sistema político ¿No eran los presocráticos justamente aquellos que preguntaban por el "arjé"? ¿No sigue siendo Sócrates ese que aún pregunta por "el ser", por la "esencia"; en definitiva, por "el qué" de las cosas? ¿Fin de la Historia? ¿Ya sólo nos queda pedir que lo que se prometa se cumpla? ¿No podemos ya siquiera plantearnos la base desde la que se promete? Si esto es así, igual de peligroso me parece el "humanismo platónico" que el "humanismo virtual", por llamarlo de alguna manera.