miércoles, 27 de marzo de 2013

Goethe y Fernando Alonso


 Byron luciendo peluco


Guillermo Alonso


“Si el noble no conoce ninguna frontera en la vida común, si en todo lugar puede hacerse de él un rey o algo similar, le es lícito presentarse en todas partes sereno y aplomado, puede avanzar siempre. Por el contrario, el burgués ha de tener ante sus ojos la línea que traza la frontera que nunca se ha de aventurar a cruzar. Él no puede permitirse preguntar ¿Quién eres? sino ¿Qué tienes? ¿Cuánta inteligencia, cuánta experiencia, cuánta capacidad, cuánto patrimonio?;. Si para ofrecerlo todo al noble le basta con mostrar su persona, el burgués no ofrece nada con su personalidad ni debe ofrecerlo. Aquél puede y debe aparentar, éste tiene que ser auténtico, y si intenta aparentar resulta vulgar y ridículo. Aquél debe hacer e influir, éste debe trabajar y rendir, debe formarse en una profesión para hacerse necesario y se presupone que en su ser no hay armonía ni puede haberla, pues para hacerse útil en una faceta ha de desatender todas las demás” (Goethe. Los años de aprendizaje del Wilhelm Meister).

Como resultado de sus años de aprendizaje  y sus viajes con Ferrari  por todo el mundo Fernando Alonso como Guillermo, el personaje de Goethe, recibe el Gran  Premio de la nobleza dejando atrás a la burguesía.

Repárese en la elegancia de estos anuncios comparados con los truños del Banco Sabadell.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Siempre me gusto el chiste un poco burro que solía hacer una amigo.
"Enfermedades venéreas, no es lo que tengo es lo que soy"
Aunque el comentario más acertado sería hacer alusión al suntuoso romanticismo que destila el anuncio, que radica en echar de menos ese momento en el que el lugar del hombre en el cosmos estaba engarzado en toda una jerarquía del ser desde Dios hasta las ratas que propagaban la peste. Precisamente en el romanticismo con Goethe entre otros se estetiza-nostalgiza esa época y con ella a los nobles, por lo fea que resulta la vida burguesa y por no saber asumir la mayoría de edad del hombre. Véase a Charlton Heston haciendo de caballero castellano de 1'90 con los ojos azules (porque Sofía Loren de Doña Jimena nos llevaría un comentario entero) en El Cid. Cursi, sí, pero de ensueño de lo elegante y apuesto. Daría gusto formar parte de sus huestes. No tenía nada, pero era, ese sí que era de verdad. No como nuestros políticos, viven como los nobles, de los diezmos de sus vasallos y ni siquiera se dignan en un poco de producción de presencia, en darnos un poco de carisma y elegancia. Menos mal que tenemos a Fer, a Viceroy, a los filtros de la cámara y al 'fotochop'.

Anónimo dijo...

Los premios como procesos de metamorfosis. ¿Los relojes viceroy también?

David Porcel dijo...

Magnífica la comparativa. Me queda la duda de si es la condición (de burgués, noble...) la que determina la ética, o es ésta la que forja aquélla. Saludos

Anónimo dijo...

Yo no sé qué "es" lo que soy.

Anónimo dijo...

No es lo que soy, es lo que tengo (reloj viceroy) para llegar a ser lo que soy.
El lenguaje de la publicidad no es un comentario escolástico del ser aristotélico, o una lectura del ser heideggeriano. El lenguaje publicitario es un cepo para nuestras carteras.
Las imágenes son bien sencillas de interpretar: un chavalillo que podríamos confundir con cualquier macarrilla maquinero flojo de semáforo convertido en un noble gracias a un complemento elegante y varonil. Entonces en suando los billetes de la cartera comienzan a palpitar.
Eso es la publicidad. Como bien dijo usted hace muchísimos años: ofrecen a nuestro yo una exclusividad al alcance de la mano. Como rezaba por aquel entonces el lema de TVE 2: Para una amplia minoría.