jueves, 20 de febrero de 2014

nenúfar posmoderno en ciénaga nazi





“¿Cómo volveremos con nuestras familias después de esto?” No solo por lo que hemos hecho, por lo que nos han hecho, sino por lo que hemos visto, se lamentan el mayor Martin Bora y sus amigos. La sombra de la catástrofe de Stalingrado es alargada. Martin Bora (Freiherr Martin von Bora) es un junker hijo de aristócratas, de músicos refinados, de militares que han alcanzado los más altos grados, en una indefinición entre pianista y sacerdote decidido, al fin, por la carrera militar, no puede evitar un malestar estético cada vez que se cruza con la patulea de las SA o, lo que es peor, los carniceros de las SS. Víctimas de su ironía intentan vengarse pero Martin Bora, como buen posmoderno, sabe comer de todos los platos y tiene amigos que lo protegen. Todo lo más un traslado en el que suele caer de pie. 

Cuando se comparan estas novelas con las de Philip Kerr, de aparente afinidad temática, la diferencia es abismal en el diseño de los protagonistas y tratamiento del contexto. El personaje de Ben Pastor no es creíble y sus vicisitudes como investigador de un nazismo en tiempos revueltos tienen más de zascandil que de oficio. Las novelas están escritas desde la información, con abundantes datos y citas, pero no desde el conocimiento de la época por lo que no es infrecuente el pastiche histórico. Menos creíble todavía es un comportamiento errático lleno de calenturas, las producidas por la fiebre de las heridas y las suscitadas por el recuerdo erótico y la ausencia contumaz de su atlética esposa. Todo ello le lleva al personaje a frecuentes episodios de desdoblamiento en los que ya parece preludiarse a un futuro firmante del manifiesto por el nuevo realismo y lector aprovechado de Vila Matas.


De los detectives de serie negra tiene el cinismo con moral propia, del posmodernismo de serie gris, la cargante introspección psicológica, el no parar de pensar y hablar de sí mismo, destinado a presentar la autoficción del sufriente, con ribetes cómicos de héroe trágico. Él no se ha roto como los otros, pero tiene una gran inestabilidad emocional disfrazada de férreo autocontrol y presencia impecable que explota en actos de inusitada crueldad. Pertenece al Servicio de inteligencia del Ejército pero, lejos de apoltronarse en los despachos, es un voluntario reincidente desde la Guerra Civil española al frente ruso, que todos quieren evitar. Lo que no le impide soltar tiradas contra el sinsentido de la guerra que él contribuye a acortar masacrando partisanos e incendiando alguna granja. Es un soldado, pero también, dicen en la novela, “un licenciado en filosofía con interés en la ética” [sic]. Una combinación explosiva que debería merecer la atención de Wert. Un verdadero pájaro de cuidado producto de la nutritiva escritura del posfascismo posmoderno. 

1 comentario:

Anónimo dijo...

¿Ha visto el anuncio de opel? ¿El nuevo de Claudia Schiffer? - "Opel nunca se estropea porque es alemán" así como ella...la "mujer perfecta"-decían.

No tiene desperdicio:
https://www.youtube.com/watch?v=wuTfKsw-2rs