miércoles, 21 de mayo de 2014

cine y filosofía de y para niños

Estoy trabajando sobre una película y acabo este párrafo:

¿Es un cine lento? La lentitud tiene poco que ver con la duración de los planos y de la película. Y ello permite aclarar algunos malentendidos: no hay imágenes en movimiento, sino del movimiento, las imágenes no salen de la pantalla a pasear, ni siquiera las de La rosa púrpura del Cairo. Por otra parte, la distinción entre cine lento y rápido no deja de tener un componente infantil: papá me aburro, esto es muy largo, ¿queda mucho todavía? El, en términos freudianos, “pervertido primitivo poliformo” de la estética de los dibujos animados no se resistirá a convertir su peculiar sensibilidad en teoría de cine. En realidad, todo es más simple. Como decía muy acertadamente Foster Wallace de las películas de David Lynch: hay un tipo de cine en el que uno paga por entretenerse y otro por trabajar. La confusión al sacar la entrada no es culpa del director. Nunca mejor dicho: hay que saber dónde se mete uno y cada película requiere su tiempo. 

Tengo una duda cartesiana y acudo al padre Google. Como siempre la publicidad me lo aclara todo:


Para más bibliografía aquí.

10 comentarios:

Gracia Iglesias Mínguez dijo...

Quizás lo que exaspera al espectador aficionado a las películas de entretenimiento cuando ve un cine lento, es que no encuentra en ellas una historia central, es decir, una rígida línea narrativa a la que todo se supedite. Y aquí entra el incomodo ante esas imágenes, como apuntas, del movimiento: no se encuentran a gusto con tanto episodismo, con tanto espacio a los lados de esa línea que normalmente conduce, como entre raíles, la historia de principio a fin. Ya has dado la clave: adaptarse al tiempo (en) que (se) encuentran. Aunque es difícil que una sociedad tan inmediata como la nuestra tenga tiempo para esperar que las cosas sucedan,que ENTRE aire.

Fan de Fassbinder dijo...

Un filme que me parece lento: Muerte en Venecia. La puesta en escena de este clásico es brutal, aún así se me hace eteeerno.

Mara dijo...

;-))

Un abrazo.

Eugenio Sánchez Bravo dijo...

Hace poco me dide bruces con un caso límite de cine lento: "El caballo de Turín" de Bela Tarr. Me gusta la expresión "imágenes del movimiento" para describirla. Además, requiere "su" tiempo.

Uno entra en el cine con la facultad de la sensibilidad preprogramada por todo lo que ha visto antes. Para una gran mayoría del público, acostumbrada a historias de treinta segundos, deconstruir esa "programación" es una tarea imposible. No creo que sea cuestión de que se aburra. Creo, más bien, que "no ve", en un sentido literal de la expresión. Es como intentar vaciar una botella de Jack Daniel's en un vaso de chupito.

En Demolition Man, una de Stallone y Snipes para olvidar ambientada en un futuro distópico, S. Bullock escucha música en su automóvil futurista: son viejas sintonías de anuncios publicitarios de no más de diez segundos. Es "su" música clásica.

Abrazos.

josé luis molinuevo dijo...

En la película de Tarr lo que más han destacado los hermenutas han sido las cuatro frases oraculares que la estropean. A veces tengo la impresión de que cuando escribimos los filósofos sobre cine lo hacemos con un candor retorcido. Un ejemplo: mi post anterior sobre la belleza, saludos Miguel Ángel.
Por no hablar de los inefables soliloquios del Dr. Espinete Deleuze

Diego dijo...

Clarísimo. Además, Wallace y su lucidez.

Saludos!

josé luis molinuevo dijo...

Es frecuente encontrar en los libros y entrevistas sobre cine la constatación de que es un “arte joven” pero, como suele ocurrir con lo joven, con algunos de los imaginarios estéticos más viejos. Así “imagen tiempo” (¿la quiere del tiempo o fría?) o “imagen movimiento”.
¿Se imaginan un libro de historia del arte en que precisaran que se trata de monumentos quietos o en movimiento? Más bien parece una terminología de posguerra, tipo "Manolo, guardia urbano" o de candidato a las elecciones europeas. Lo mismo sucede, en otros ámbitos, como “navegar en la red”, que ya ni lo utilizan en los anuncios del Banco de Sabadell. Por no hablar de “ontología”, una palabra solo presente, como es lógico, en planes de estudios universitarios y en las ruedas de prensa de los entrenadores argentinos, unos linces en el manejo de terminología "vintage".

Pepo Pérez dijo...

"monumentos quietos o en movimiento? "

ja ja ja...

¡Un abrazo, José Luis!

M. A. Velasco León dijo...

Tal vez la lentitud y la rapidez dependan no solo de las espectativas del espectador sino de la prisa que tenga por satisfacerlas. Es decir de su flexibilidad.
Por otra parte, no sólo el cine y las tics son los privilegiados que sufren terminología filosófica viejuna. La música tal vez aguante aún mayores cumplidos.
(Ah! lo de los entrenadores argentinos me da unas tremendas ganas de aficcionarme al balompié)
Saludos

Iván Macías dijo...

Yo lo veo algo implícito en la cultura del consumo. Una película es una dosis de entretenimiento durante un periodo de 90 a 120 minutos, con la posibilidad de ser acompañado de otros apetitos sensoriales como inmobiliario aterciopelado o diferentes alimentos edulcorados (véase el ritual de las palomitas).

En la posmodernidad, una película es dosificada en un espacio-tiempo limitado, del que tu esperas un placer concreto, en un espacio concreto y en un tiempo premeditado. No hay espacio para la inmobilidad ni tiempo para la reflexión.

Un saludo, profesor.