viernes, 20 de marzo de 2015

desaprensivos


A veces uno asiste con creciente desasosiego a "conversaciones" entre un director de cine invitado y un descuidero que hace el papel de entrevistador. Este ha sido el caso de Farocki, cuando le quedaba un año de vida, y también el de Benning, que le ofrecería un hermoso homenaje icónico. No hablo de Herzog que se defiende solo y, como Ángel Gabilondo, se da un festín con el Jordi Évole de turno.

Después de divagar durante varios minutos sobre cuerpo y tecnología le pregunta en unos segundos por su cosmovisión (la suya, la del entrevistador, parece sobreentenderse) a un perplejo Farocki. Más aún, le asegura que su cine es una "ontología del presente", por decirlo de manera suave, y le ahorra castigarle con el calificativo de "metafísico", de momento. El pobre director se escapa como puede. El otro se parte de risa.

Cuando uno no tiene nada que decir el recurso es infalible: "ontología del presente". Se pierde la ocasión de preguntarle en detalle por su obra, sus características técnicas, cómo la montó, lo que solo él sabe y quizá está dispuesto a compartir... que para eso ha venido.

¿Cuándo el discurso metafísico de la imagen dejará paso a las descripciones empíricas de las imágenes?

5 comentarios:

Horacio Muñoz Fernández dijo...

Ese siempre ha sido el problema de una estética a la caza de intenciones ocultas y mensajes secretos: convierten el arte o el cine en un excusa para soltar sus elogiosas deposiciones mentales.

Como decía Boris Groys, esa intelectualización solo sirve para vestir a las imágenes con unos ropajes textuales que cuanto más opacos y herméticos sean, mejor.

La solución ya la hemos comentado en varias ocasiones, y la muestras en todos tus ebooks: el análisis de las imágenes debe hacerse más desde el objeto y menos desde el sujeto.

Abrazos.

josé luis molinuevo dijo...

Entre todos vamos consiguiendo algo, especialmente con:

http://revistacaracteres.net/revista/vol3n2noviembre2014/critica-digital-poscinematografica/

Otro abrazo

Eugenio Sánchez Bravo dijo...

Hola José Luis,

espero leer pronto tu nuevo libro sobre un director que desconocía, James Benning.

Sobre el artículo de Horacio que enlazas me sumo sin dudarlo a su conclusión: "...la crítica podría recuperar cierta función mediadora que consistiría en superar las distancias históricas y geográficas que impiden que nuestro gusto sintonice con películas que no responden a nuestras expectativas y deseos." Y gracias Horacio por la bibliografía del final. Muchas lecturas interesantes.

A todo esto, corren malos tiempos para la Filosofía en la Educación Secundaria. Nos han hecho desaparecer del currículo a pesar de que el preámbulo de la LOMCE empieza marcándose como objetivo "personas autónomas, críticas, con pensamiento propio" en la primera línea del preámbulo.

Pero esto ya no es sólo un problema educativo. La reducción horaria es de tal calibre que ya estamos luchando simple y llanamente por mantener el puesto de trabajo.

Saludos.
Eugenio.

josé luis molinuevo dijo...

Hola Eugenio
Me sumo yo también a la lúcida conclusión de Horacio.
Respecto a lo que dices de la Filosofía en la Educación Secundaria hay una cosa que me preocupa y otra que me duele mucho. La primera, es lo errático de esas políticas educativas que, si no hay presión, (en el fondo les da igual una cosa que otra)en cada reforma buscan recortar institucionalmente la presencia de la filosofía. No creen contradecirse con lo afirmado en el preámbulo ya que piensan que formar en esos valores no es cometido específico de los profesores de filosofía, más aún, que lo puede hacer cualquiera.
Lo que me lleva a la segunda consideración y es el descrédito de la tarea del profesor de filosofía como filósofo llevada cabo por otros autodenominados filósofos "auténticos" frente a estos casi tratados como mercenarios, entre los que debería incluirme también yo. Cuando hubo las primera protestas hace años un "viejo" filósofo (de poca obra y muchos premios) declaró con todo el cuajo que no importaba que desapareciera la filosofía de la enseñanza, pues era una cuestión vocacional, socrática por más señas.
Un "joven" filósofo no se cansa ahora de señalar que lo que hacen los profesores de filosofía no es filosofía, sino lo que hace él, que para eso es ejemplar. Es como si fuera un delito querer ganarse honradamente la vida enseñando y pensando con la filosofía y no el vivir chuleándola, "auténtico" oficio de estos sacamuelas.
En fin, Eugenio, como dicen que dijo el conde de Romanones "!Joder, qué tropa!"

Pepo Pérez dijo...

El entrevistador es tan pedante (por no decir algo "peor") que pide perdón (!) por hacer una referencia a 'Matrix' en otra pregunta. Ja, ja...