domingo, 24 de abril de 2016

Bienvenido el fin de esas humanidades


“Vetera instauramus nova non prodimus” (Erasmo de Rotterdam)

En este momento uno de los mayores servicios que la Universidad puede rendir a la sociedad es dejar de dar la lata con el tema del fin de las Humanidades. Ya cansan tantas jeremiadas que no se sustentan sino en hipocresías personales, marrullerías académicas y en un bajo rendimiento laboral que no se toleraría a un trabajador de cualquier empresa. Urge presentar un ERE en las Instituciones dedicadas a las Humanidades. El objetivo de esa poda no es otro que permitir a las ramas vivas de las Humanidades crecer fuertes y cumplir con la función social a la que está obligada la Universidad. Aunque se le pague por ello lo último que se le pasa por la cabeza a un “humanista” pata negra es que es un trabajador.

Agobiado por esas instituciones llamadas ANEP y ANECA que le reclaman con la insistencia del cobrador del frac los papeles inútiles, pero indexados, de su obra restauradora ni se le ocurre pensar que la sociedad espera también una obra productiva y creadora. Y que, si son incapaces de ello, al menos no frustren a los alumnos que vienen con esa ilusión. No hay más que echar un vistazo a las normativas universitarias de TFG y TFM para ver que están concebidas con el propósito expreso de evitar cualquier tentación de un trabajo creador. Lo único importante es la interpretación amanuense y la bibliografía, con preferencia de los miembros del tribunal, solo citados en esas condiciones de cautividad. Se habla de la endogamia de las plazas universitarias pero menos de esa otra en que solo se leen entre ellos (y a veces ni eso) y un turismo académico menesteroso disfrazado de Congreso en que ya ni se escuchan unos a otros pues lo más importante es obtener cuanto antes el certificado de asistencia (previa firma) o por la “comunicación” (¿¿??).

Esos prolijos artículos de desocupados sobre el fin de las humanidades pueden dar la falsa impresión de que son una muestra de la rebelión (¡ojalá fuera así!) de las Humanidades cuando lo que expresan es el fenómeno más generalizado y más triste hoy día en la Universidad española: la desmotivación. Los que pueden se van, se prejubilan o hacen lo menos posible resistiéndose a una burocracia paralizante y a unas tareas de gestión cuyos cargos se revisten de arúspices para desentrañar reglamentos que se contradicen a sí mismos. Y hay algunos, créanme, que hasta lo encuentran excitante y les ponen las reuniones de Departamento y Facultad mucho más que las tertulias en el Casino. Es su única “vida”.

Lo que voy a añadir no son consideraciones “buenistas” sobre que no todo es así, que hay excepciones, etc., No. Todo lo contrario. En este mismo blog se pueden encontrar artículos míos en defensa de la Universidad cuando ha sufrido ataques injustos. Pero es hora de hacer también autocrítica. Por ir a lo que más conozco: Lamento muchísimo que disminuya la Filosofía en Secundaria pero me alegraría mucho de que desapareciera, a ser posible, la Historia de la Filosofía de ella, para que entren también otras opciones de Filosofía. Reducir la Filosofía a una Historia de la Filosofía es empobrecerla ofreciendo una imagen distorsionada. Y que conste que he sido profesor de Historia de la Filosofía moderna y contemporánea durante años. Es admirable ver cómo los compañeros de la Secundaria salvan la situación para interesar al público adolescente, con excelentes resultados en ocasiones.

La sociedad nos está pidiendo que cambiemos. Yo mismo, sin ir más lejos, me he sentido interpelado por el supremo líder, Pablo Iglesias, cuando proclamaba hace unos días que “hay que reestetizar la realidad política” ¿Qué me está diciendo con ese su buen tono? Que deje de escribir la enésima glosa a la última ocurrencia de Ranciêre y acabe de una vez eso que he prometido: España, una democracia estetizada. Me lo estoy pensando, igual pactamos a última hora.

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