domingo, 18 de septiembre de 2011

clean








4 comentarios:

Anónimo dijo...

Muy interesante blog, Jose Luis: da gusto leer a un tipo inteligente que ademas se hace entender muy bien, con muy buena prosa. Ya me he bajado su guia de complejos y desde el primer vistazo ya me agarró su lectura.

( ( ( O ) ) ) dijo...

La cuarta temporada de Breaking Bad es lo mejor que he visto en tiempo. Nunca así se ha visto concretar el absurdo y la neurosis contemporáneos. La filmación y el narrado de las imagenes son consumados. Kafka maniobra toda la marioneta y rie.

josé luis molinuevo dijo...

Gracias anónimo, espero que te guste el e-book
Comparto la opinión sobre Breaking bad: una estética maravillosa para un minimalismo vital. ¿Cómo se puede complicar tanto la vida con tan poco argumento? Los gestos

( ( ( O ) ) ) dijo...

Pasa inversamente una cosa con Mad Med y Breaking Bad, y ello en el paralelo discurrir de sus temporadas. En toda serie la ansiedad equivale: a la capacidad para administrar el entuerto capital del autoconocimiento de la propia fórmula, el aburridísimo alumbramiento o cobrado de conciencia, siempre homicida y que diversa lo inteligente de lo manierista. MM ha encallado y lo que seguirá es un declinar, con ese Draper crasamente fitzgeraldiano desesperando frente a la página en blanco del ultrametafísico Bloc De Notas. Del publicismo alcohólico, la chanza y la profanación de lechos a las dudas hamletianas: penoso y coñazo. Jugar la baza del cliché es cosa no poco difícil y BB se condecora en ello porque un cliché extremado siempre fue su arrancada. Al hoy ese origen bufo como todos los orígenes, se mantiene no masticable y esto es grande hazaña de los creadores de la serie. En lo último atinan porque se empeñan en huir pánicamente del autoconocimiento de su estética, no domestican el absurdo, no revisitan Breaking Bad, no explayan Breaking Bad, no equilibran Breaking Bad, sólo arrean hacia desdobladas monstruosidades maravillosas de Breaking Bad.
Preservar una identidad o una estética: torturarla, huirla y postular sus reversiones y yerros y caricaturas sine die.

Atrapar vientos de ingenuidad siempre me ha desconfiado, y ahora como nunca es preciso -pero sobretodo más divertido y nutricio-, aprender a ser unos deliberados falsos ingenuos.

Paz.