domingo, 6 de abril de 2014

Regoyos








4 comentarios:

atanasio theos rud dijo...

La estética configura convergencias y divergencias de una idea. En esta obra de Regoyos, aparecen dos propuestas claras, casi circunstamciales: el tren y el paso de a procesión. Una lectura que trasciende la pura plástica para ser estética en dimensiones paralelas. Me fascina la imagen como acto que genera una proyección de la "idea" (sea o no consciente). Un saludo. Francisco.

Eugenio Sánchez Bravo dijo...

Esta España negra de Regoyos es, para mí, una sorpresa inesperada. Cuánta fuerza y verdad hay en esas figuras. Gracias.

Un abrazo.
Eugenio.

josé luis molinuevo dijo...

He entrado en la exposición de Regoyos en el Thyssen con las palabras de Ortega en la cabeza:"...el más humilde de los pintores, Fray Angélico de las glebas y los sotos, que parecía ponerse de rodillas para pintar una col".
Pero sus cuadros y, en particular estos, me han proporcionado un conocimiento absolutamente distinto al que se refiere Ortega en su Meditación del marco :"Cuando miro esta gris pared doméstica mi actitud es forzosamente de un utilitarismo vital. Cuando miro al cuadro ingreso en un recinto imaginario y adopto una actitud de pura contemplación. Son, pues, pared y cuadro dos mundos antagónicos y sin comunicación. De lo real a lo irreal, el espíritu da un brinco como de la vigilia al sueño.
Es la obra de arte una isla imaginaria que flota rodeada de realidad por todas partes. Para que se produzca es, pues, necesario que el cuerpo estético quede aislado del contorno vital. De la tierra que pisamos a la tierra pintada no podemos transitar paso a paso. Es más: la indecisión de confines entre lo artístico y lo vital perturba nuestro goce estético. De aquí que el cuadro sin marco, al confundir sus límites con los objetos inútiles, extraartísticos que le rodean, pierda garbo y sugestión. Hace falta que la pared real concluya de pronto, radicalmente, y que súbitamente, sin titubeo, nos encontremos en el territorio irreal del cuadro. Hace falta un aislador. Esto es el marco".

El arte no es una isla. Esas "Procesiones de Viernes santo" y los festejos que dan lugar a las "Víctimas de la fiesta" acaban de ser declarados Bien de Interés Cultural. La modernidad pasa de largo, avergonzada, a toda pastilla, hacia Europa.

Iván Macías Macías dijo...

Bien de Interés Cultural es algo así como un "pasen y vean": carnaza para turismo barato sureuropeo. (En las Baleares y algunas costas levantinas se están dando casos de punteros láser de gran potencia apuntando las cabinas de aviones, poniendo en serio riesgo la vida de muchos pasajeros, por simple y pura rabieta contra el turismo).

Todo esto viene a cuento de que la Semana Santa me parece una experiencia estética íntima, no extrapolable al mercantilismo propio del Bien de INTERÉS Cultural, que al menos para mí, jóven europeo típico y laico, suponen algo muy serio como para ser empaquetado, precintado y exhibido tras los dorados vidrios de las "Caña y Tapa".

Un afectuoso saludo, profesor. Siempre es un placer leerle.