lunes, 1 de diciembre de 2014

Se abre la veda de la Universidad



Hasta ahora había una media veda sobre un tema: corrupción en la Universidad.  De vez en cuando aparecían artículos indignados sobre algunos de los males universitarios a la cabeza de los cuales estaba ¡cómo no! la endogamia, sin que importara mucho la crítica al sospecharse obra de resentidos o tocapelotas ociosos, ya les caería alguna migaja o hueso académico; periódicamente se sacudía la cabeza con tristeza ante el penoso lugar que ocupaban las universidades españolas en el ranking internacional, cuando aparecían: la vieja alma máter no daba para más; sucesivas reformas intentaron “mercantilizarla” (no caerá esa breva) en medio de la indignación humanística para dar luego paso tras la escandalera de rigor a la modorra habitual. Media veda pues como, en el fondo, la Universidad no ha interesado nunca a la sociedad española (excepto como arma política arrojadiza) se dejaba a la propia universidad la autocrítica, menor dentro, feroz en los periódicos, patética en las redes sociales, foro de los abusos; mientras hubiera dinero y estuvieran callados, no incordiaran más, que se las arreglaran como pudieran y se pudrieran en esas guarderías juveniles (iuvenes dum sumus, cantan los pobres) en que la complicidad de todos han acabado por convertirla.

Esa media veda estaba pactada. Los mejores y más brillantes artículos apocalípticos sobre  la Universidad pertenecían a profesores universitarios…a tiempo parcial, que vivían de ella a salario total. La mejor visión sobre el centro se tiene en la periferia del centro, el diagnóstico más acerado, no exento de humor, sobre lo mal que trabajan los demás es cuando uno no da palo al agua, sin dejar por ello de pontificar sobre una institución que apenas pisa. De este modo se pueden ridiculizar con elocuencia esas interminables reuniones departamentales sobre la coma de un reglamento para distribución de mesas de becarios cuando ya casi no los hay y sobra sitio por todas partes. Hay piezas literarias memorables sobre la incontinencia verbal de especímenes con poca vida social que intervienen una y otra vez, “a mayor abundamiento”, sobre temas archidebatidos, y “para que conste en acta”, en medio de la desesperación impotente de los sufridos asistentes que esperan en vano llegue el punto del orden del día que les concierne. Pues, digámoslo de una vez, no se espera ya que las cosas vayan a mejor sino que los infinitos formularios que deben presentarse/sacrificarse al Gran Hermano lo sean en “tiempo y forma” (el lenguaje preferido del múrido burócrata). Los problemas reales de planes de estudios demenciales, falta de coordinación entre el profesorado, trato irrespetuoso a un alumnado ilusionado (que no se merece) mediante la sobrecarga de mal llamados “trabajos” absurdos, multiplicación de “exposiciones” en clase que ahorran que el profesor (se) exponga, cuando no la infantilización (pedofilia intelectual) a través de un colegueo casposo unidireccional, se evitan como la peste. Nadie cree ya en Bolonia, pero se explotan sus miserias.

Se acabó la media veda. Se ha abierto la veda total, no solo en la Universidad, sino de la Universidad, en consonancia con la situación política del país. Es decir, que ya no solo se afirma que hay corrupción en la Universidad sino que la Universidad misma está corrupta. Esa generalización tiene sus consecuencias. Antes la corrupción señalaba al profesorado, su forma de acceso y sus prácticas. Ahora no se libra nadie. Con motivo de las huelgas estudiantiles por los recortes de becas, se certificaba en radios y periódicos que habían devenido poco menos que en una pandilla de gandules que, a despecho de la crisis económica general, pretendían seguir subvencionados con poco esfuerzo y dejando cada año un reguero de asignaturas; las asociaciones estudiantiles, antaño belicosas, ramoneaban ahora afablemente como el resto de la “casta” universitaria en sus despachos bien informatizados, reuniéndose para reunirse. El abnegado personal de administración y servicios ha visto como en medios periodísticos se les acusaba de llevar una vida regalada estirando con hábil secuenciación de fechas las vacaciones gracias a los elásticos moscosos, ejerciendo una presión bien temperada sobre los atemorizados Gerentes, recordando a los aspirantes a Rector cada cuatro años dónde está el granero del voto. Decir que trabajas hoy en la Universidad empieza a convertirte en sospechoso. Algunos ya te miran mal, otros se acercan y con gracejo porteño te palmean la espalda inquiriendo ¿Y cómo estás vos, delincuente?

¡Ya está bien! La Universidad no es corrupta. Empleo el ser en vez del estar porque refleja la forma verbal en que suelen deponer los ganapanes tertulianos vocingleros. España se ha convertido en un país de tertulianos y no es la menor de nuestras desgracias que uno de ellos sea el ministro del ramo. Pretender analizar es muy aburrido, argumentar poco publicitario, distinguir resulta banal. Ya sabemos que no todos, pero lo otro no tiene gracia… ¿Quieren afirmaciones generales? Si, parafraseando a Ortega, hubiera que generalizar diciendo cuál es la misión de la Universidad hoy (al menos en el área de Humanidades) me atrevería a afirmar que es la de ahogar toda forma de creatividad naciente en el estudiante con la almohada asfixiante de los reglamentos. Y, parafraseando a Benjamin, diría también que la Universidad en una deriva de estética totalitaria contempla fascinada su propia autodestrucción.

Pagado el peaje generalista de la periferia vayamos a los detalles, ya que trabajo en el centro. ¿Hay endogamia? Sí ¿Hay que reformar los sistemas de acceso, acreditación y concurso? Radicalmente. Pero, ¿me pueden explicar los señores tertulianos y firmantes de tribunas de periódicos qué hacemos con los cientos, miles, de profesores asociados que sostienen la docencia universitaria a tiempo completo, intentando que no se degrade más, mejorándola, cobrando 600 euros al mes, año tras año, cumpliendo, gastando sus años y en una precariedad laboral tal que el próximo pueden estar en la calle, cortando de raíz sus proyectos y los de los alumnos? Gente muy preparada, muchos con sus doctorados, estancias en el extranjero, publicaciones sacando tiempo donde no lo hay, acomodándose a unos índices de evaluación y acreditación científicamente discutibles ¿Los dejamos en daños colaterales de la crisis? Si alguna vez tienen la posibilidad de optar a una plaza en la universidad en la que trabajan ¿Sería una injusticia reconocerles los servicios prestados durante años? ¿Sería eso repugnante endogamia? No todo ejercicio de autonomía universitaria tiene que consistir forzosamente en la capacidad distópica de autodestruirse.

La Universidad está, es, corrupta, es un cadáver, pero ¡ojo! exquisito todavía. En otros lugares de Europa por un plagio, falsedad curricular se tiene el buen tono de dimitir. Aquí, muchos de los que critican a la Universidad están piando por unas clasecillas en un Máster, una conferencia, lo que sea, con tal de adosarse, mejor endosarse, en su curriculum la vitola de Profesor de Universidad. Tal cual. Decía antes que las más brillantes descalificaciones de la Universidad provienen de catedráticos universitarios sede vacante. En honor a la verdad si las Humanidades han progresado en creatividad en buena medida se debe a ellos que han desarrollado una labor creativa en libros, conferencias, artículos, digna de admiración y elogio. Ellos han podido pensar mientras otros trabajaban. En su momento la Universidad les miró con recelo, hoy se hacen tesis doctorales sobre su obra. Al parecer Schopenhauer tenía razón en esto: si no eres rentista acabas siendo un resentido. No hay reproches. Pero también debería haber una oportunidad para los que trabajan y no afanan, ni son una mafia, que los hay, de hecho la casi totalidad, aunque parezca mentira y nunca sea un titular. 


5 comentarios:

Fernando Broncano dijo...

Magnífico y necesario, José Luis, lo comparto. Son pocas las voces sensatas en este horrible ruido mediático tan lleno de intereses inconfesables.

Anónimo dijo...

Los que en la Universidad están "intentando que no se degrade más, mejorándola, cobrando 600 euros al mes, año tras año, cumpliendo, gastando sus años y en una precariedad laboral tal que el próximo pueden estar en la calle" no pueden hablar ni sumarse a la crítica porque eso supone perder la opción de poder quedarse en la Universidad. Los catedráticos que podían realizar una crítica interna de "mejoramiento" no lo hacen porque mancharían el pristino y puro currículum propio y están dedicados a otras cosas (algunos a investigaciones loables, otros a hacer turismo gratis, otros a ambas cosas). Quienes ha quedado fuera tampoco pueden decir nada porque, como bien se expone al principio del escrito, entonces son tachados de resentidos o rentistas. Y quien ha escrito el articulo defiende la sacrosanta Universidad de quienes la han criticado últimamente. ¿Entonces? ¿Todo tiene que cambiar para que todo siga estando como siempre? ¿Hay alguien con legitimidad y altura como para poner los asuntos de la corrupción universitaria sobre la mesa? Si lo hay, aún no lo he visto. ¿Alguien puede hablar? Porque todos callan o el que habla nunca es el que procede. Félix de Azúa habló en "El País" pero con la única intención de fusilar a Errejón, a una pulga de la universidad. Ni siquiera Podemos se atreve a hablar de la Universidad (porque toma su parcelita en la UCM como lugar estratégico y no quiere estropear ese nicho ecológico y porque la mayoría de sus miembros son de los precarios). ¿Existe alguien con autoridad y respetabilidad como para poner la corrupción universitaria sobre la mesa? Quizá no lo hay, porque todos están implicados y quien habla, se auto-inculpa, aunque sea como Azúa, de cuyo artículo se deduce que lleva 30 años sabiendo y nunca había dicho nada al respecto.

josé luis molinuevo dijo...

Gracias Fernando, el breve encuentro en las escaleras mecánicas cruzadas me ha recordado lo mucho que hemos compartido en el pasado
Abrazos

josé luis molinuevo dijo...

Estimado anónimo
"Y quien ha escrito el articulo defiende la sacrosanta Universidad de quienes la han criticado últimamente"
Bueno, no exactamente, como se desprende de la lectura. Si la Universidad es un servicio social los problemas universitarios deberían ser problemas sociales y, como tales, abordados. Pero no se hace así. Tampoco debe ser cometido preferente de catedráticos (no pintan, no pintamos ahora casi nada, solo en los programas del cuore), ni de tertulianos vociferantes, ni de sábanas en El País donde, al modo heideggeriano, se oraculiza asegurando que el problema de la Universidad es la Universidad como problema. Mi confianza en una posible solución social estriba en que no se haga caso de las repetidas palabras de los dos reyes de juego de tronos reclamando ejemplaridad, una de las formas actuales de perpetuar la corrupcción. Otra vez me veo obligado a recordar a Ortega para quien la auténtica ejemplaridad es de cara a uno mismo y la falsa respecto a los demás. Por eso, si la Universidad se mantiene es porque todavía hay profesores, alumnos, personal de administración y servicios que, a pesar de todo, dan lo mejor de sí mismos, sabiendo que uno mismo no es el mejor y sin pretender dar ejemplo a nadie.

María J. Frápolli dijo...

Muchas gracias, José Luis, estas cosas hace falta decirlas. Ya está bien de tertulianos y resentidos