Este libro es
una sorpresa para los interesados en la estética de las nuevas tecnologías.
Aunque no tanto por su contenido, ya que es un compendio de tesis diseminadas
en multitud de artículos con un común denominador: la propuesta de una “estética
radical”. La palabra “radical” la entiende
Gallese en sentido muy amplio ya que caracteriza la experiencia estética no como perteneciente
a un género particular sino como el fundamento de todos. Esto va a contrapelo
de los reduccionismos, ya sea a una disciplina filosófica concreta, a ceñirse al terreno del arte como ha hecho la
neuroestética, pero también a la tradición de las neurociencias cognitivas de considerar
a la mente como una actividad cerebral. La tesis es que se trata de una
actividad corporal. De hecho, el cuerpo es el punto de partida de la estética y
el término último cuando aborde el polémico tema de lo digital. Un cuerpo
considerado como “interfaz sensible entre el organismo y el mundo” dando como
resultado la experiencia estética entendida como una experiencia “encarnada”.
Llega a proponer
a lo “estético como el terreno de construcción de lo ético, lo político y lo
social”. Así el expresivo título del parágrafo: “El capitalismo digital como máquina
estética”. ¿En qué sentido? Afirma que
lo digital es hoy día el ámbito en que algo puede ser real, de modo que la
realidad es una función del aparecer. Y así “la estética se convierte en una
política del aparecer” porque no representa al mundo, lo produce, no lo
describe, “lo hace posible”.

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