viernes, 21 de noviembre de 2008

El manuscrito de piedra

Aunque se centre en un período histórico concreto –finales del XV en Salamanca- no es una novela histórica. Se rompe con la tradición del pasado conocido para crear una nueva desde el presente y lo desconocido. Según ella, el verdadero Cielo de Salamanca estaba (¿está?) en el Infierno. Lo que se agita en la superficie adquiere su verdadero sentido desde la óptica turbia de la Cueva. Allí desciende Fernando de Rojas en su obligada búsqueda de la verdad, y no sale indemne.

Una novela de formación, digna heredera del romanticismo negro. Por ella desfilan obispos trepadores, dominicos sodomitas, catedráticos de medio pelo, enseñanzas anquilosadas, un Estudio con más fama que valía. Pero también pululan personajes del buen pueblo llano, comerciantes llenos de sentido común, frailes tolerantes, algún académico que regresa del futuro, y siempre, siempre, nos encontramos con las miradas doloridas de las víctimas. No es fácil discernir si provocan más espanto las torpes maniobras de la mediocridad encumbrada o las cerrilles presiones de la omnipresente Inquisición.

Se citan libros, pero no para moralizar, sino para mostrar la vida que todavía hay en ellos. Es precisamente esa pasión de mostrar, la que define a la novela misma como un manuscrito de piedra lleno de imágenes. Cuando lo lee Fernando de Rojas llega al término de su formación, ya conoce la otra página de la historia. Pero le quedan unos metros para escribir su propia historia, entre ellos esos misteriosos años que van de 1498 a 1508. Nos lo debe, después de haberle acompañado un trecho, y así lo esperamos de Luis García Jambrina.

1 comentario:

Anónimo dijo...

"Por ella desfilan obispos trepadores, dominicos sodomitas, catedráticos de medio pelo, enseñanzas anquilosadas, un Estudio con más fama que valía. Pero también pululan personajes del buen pueblo llano, comerciantes llenos de sentido común, frailes tolerantes, [...] cerrilles presiones de la omnipresente Inquisición."

Muy original.