jueves, 14 de mayo de 2020

los miserables 5








Hace muchos años se publicitó el “nuevo realismo”, es decir, el nuevo idealismo, pero sin las ideas e ideales del antiguo, descafeinado. Tan solo ocurrencias de tertuliano filosófico que adora las citas para llenar el vacío como buen posmoderno renegado. La novela de Víctor Hugo ha sido clasificada como “realista”. Lo que viene a decir que hay una intención moral y un apunte de denuncia social que despiertan la compasión del lector. Algo es algo ¿Y la película? ¿A qué obedece su éxito sobre un tema tan escabroso? No proporciona la moralina identificatoria del reparto entre buenos y malos y la última imagen, la que (se) incendia (en) la retina, no se presta a lo que algún grillado benjaminiano secularizado podría despachar como “dialéctica en estado de suspensión”. Es decir, una nada museística parasitaria. 


La conseguida ambigüedad icónica, abierta a las posibilidades más contrapuestas, me parece ser una de las claves del éxito de la película. Responde a un tipo de cine que pretende lo que podría denominarse la “nueva visibilidad”. No moraliza, no denuncia, simplemente hace visible. Los policías cazan a los jóvenes porque no se resisten a subir los vídeos de sus fechorías a las redes sociales, pero esa peligrosa visibilidad es la misma que amenaza también sus abusos. En ese contexto, la figura que observa la marabunta en los cuadros de los pintores flamencos es ahora un adolescente que espía con su dron a las chicas y se pasea por los tejados de su barrio. Esos planos generales difuminan la miseria de los bloques en una blancura caliza pero también ofrecen picados de las calles en las que se desarrolla la violencia dando la sensación en picados y contrapicados de juegos de abismos que suben o bajan. No son imágenes suspendidas sino imágenes a la espera de acontecimientos que se siguen repitiendo, en bucle, como pasa cuando las imágenes no esconden, como dicen, sino que se esconden las imágenes haciendo necesaria esa nueva visibilidad de lo que hay, pero falta. Al final, sabemos más, aunque no por ello tenemos que sentirnos mejor y, desde luego, no mejores. Ellos tampoco. A los que tienen algo diferente que mostrar les agradecemos que nos ayuden a conocer, más que comprender, el mundo en que vivimos, de ser peores ya nos encargamos nosotros. 









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