jueves, 26 de febrero de 2026

La inteligencia artificial y el fin del arte (2)

 

El enfoque desde la estética filosófica se traduce en un esencialismo que busca una definición de arte para averiguar si cumple esos requisitos lo generado en una simulación por la inteligencia artificial; en una defensa de la autoría humana como condición esencial de la obra de arte; en la responsabilidad estética entendida como criterio tanto para determinar la autoría o el carácter de arte de la obra. Todo esto se resume en que, según la autora, la obra de arte tendría que “plasmar una idea”, una “personal visión del mundo”, un “contenido de orden superior”, ser la expresión de una “subjetividad” y producir algo “nuevo”, al estilo, cita, de las vanguardias. De este modo, se podría reconocer una autoría a la que atribuir unas capacidades, es decir, una responsabilidad estética. Nada de esto se puede atribuir a una pretendida obra de arte obtenida mediante una inteligencia artificial "generativa". Esta calificación es importante porque la autora distingue entre el sentido débil y fuerte en el empleo de la inteligencia artificial, pudiendo exceptuarse al primero de su crítica.

Vamos a ir desgranando cada uno de esos elementos.

Al declarar que su enfoque es el de una “estética filosófica” admite sin necesidad de decirlo que hay otro tipo de estéticas adjetivadas y sin adjetivar. La diferencia estaría no solo en el empleo de conceptos filosóficos sino en su exigencia (aquí condición ineludible) previa de “definir” lo que es arte para distinguirlo de lo que no es y lo pretende. Sin embargo, lo que hay detrás de esta estética filosófica no es la moderna sino la romántica, aunque pudiera parece lo contrario por la defensa a ultranza de la autoría como expresión de la subjetividad de un sujeto, en sentido fuerte, opuesto al posmodernismo. Pero a la estética no le compete definir lo que es el arte como punto de partida. Todo lo contrario, ese es el proceder de una metafísica que, según la estética clásica, parte de lo general para llegar a lo particular, mientras que la estética hace el camino inverso para aventurar luego unas generalizaciones en forma de hipótesis sacadas de los casos, de las prácticas, artísticas en este caso. Y son tan diferentes y variadas esas prácticas, tan diverso a lo que llamamos arte hoy día que es imposible intentar una definición de arte, siendo necesario en cada momento explicar y describir a qué clase de arte se está refiriendo en cada caso. Lo contrario es un esencialismo, cómodo quizá para la estetización y para el mercado, lleno de los que se ha llamado “significantes vacíos” y apto para la manipulación emocional.

Lo que tiene consecuencias:

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