viernes, 6 de abril de 2018

Bye Bye Germany (2017) Sam Garbarski (3)


Hay un problema con las estéticas de la vivencia y de la empatía que afecta al cine y a la memoria histórica y que explica, en parte, el giro dado en el nuevo cine y, con ello, al que se obliga también a los mal llamados “espectadores”: es el problema de la identificación. El tema parece ser el mismo a tratar pero los actores son intercambiables y aquí se genera inconscientemente una confusión que ahora sale a la luz en forma de ambigüedad. Se viven los temas en la identificación de y con los personajes que encarnan actores y actrices. Para que sean reales como la vida misma deben ir unidos lo narrado, lo encarnado y quien lo representa. Esa identidad excluye el cambio en gracia a la verosimilitud. Lo que genera no pocas confusiones entre vida y ficción. Algo tiene que ver la visión existencialista de la vida como teatro subyacente a la confusión del Kean de Sartre. 

Mientras que al actor le encanta la versatilidad y teme ser encasillado en un personaje al espectador le gustaría reconocer (se) lo en cada uno de los personajes interpretados por él. Es biológico: el conocimiento como reconocimiento da seguridad, es confortable. Y así se va al cine (es una metáfora, se va al ordenador) a verlos a él o a ella. El problema surge cuando se rompe ese proceso de identificación, cuando se trata de temas polémicos y el mismo actor representa de manera excelente personajes contradictorios. Ya no es cómodo identificarse culturalmente con algo políticamente incorrecto pero el mecanismo biológico de la vivencia y la identificación sigue funcionando a pesar de todo. Y eso causa muchos problemas. Y ha levantado protestas, como esta película por no condenar el Holocausto de la manera debida.






En Jud-Suss.Film ohne Gewissen (2009) Moritz Bleibtreu interpreta a un Goebbels de una manera más que convincente. Trata sobre las vicisitudes del rodaje de la película más hedionda que estigmatizaría a los judíos para siempre. Aquí a un judío superviviente de Auschwitz acusado de colaboracionismo: “David, ¿fuiste un capo?”. No, solo contaba chistes. No quiere volver al pasado, redimirlo o cambiarlo, solo recuperar lo suyo, una vida dañada.  El humor se tiñe la melancolía



Recomiendo el visionado de la visita a la antaño próspera tienda de textiles ahora en ruinas escuchando el segundo movimiento de la séptima de Beethoven en versión Karajan...por cierto también acusado de nazismo.


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