Bueno, estas son, diríamos, unas primeras consideraciones,
no sé si sociológicas, que me han ido viniendo a la mente con la lectura del
muy interesante libro Heidegger en España. Historia de una recepción, cuyos autores
son Francisco Vázquez García y Álvaro Castro Sánchez. Estamos ante un libro
extraordinario por varios motivos. Es el resultado de una larga investigación
que enlaza con trabajos suyos anteriores sobre la filosofía española. Recoge otros
más recientes, ampliándolos e integrándolos en un conjunto sin que se noten mucho
las costuras. No hay muchas publicaciones monográficas sobre filosofía española
contemporánea, aunque existen notorias excepciones como los excelentes trabajos,
por bien informados y equilibrados, de Gerardo Bolado. Se diferencia también en
que no proponen el método de una Historia de la Filosofía (quizá pensando en
las que hay) sino una metodología no usual, aunque ya la habían aplicado antes,
como es la de la “sociofilosofía”. Se renuncia así a los modelos “internos” y
pretendidamente “objetivos” que, en las historias al uso tampoco solían
declarar la metodología según la cual ofrecían historias lineales muy deudoras
de los planteamientos de las grandes historias idealistas.
Se trata de “una explicación social de la experiencia
filosófica”. Desde la siguiente hipótesis: “La nueva disciplina sociofilosófica
defiende que el pensamiento es una actividad social al mismo nivel que
cualquier otra”. Dos observaciones. La primera, es la asimilación de dos
palabras que aparecen nítidamente separadas, cuando no opuestas, en el autor
cuya recepción se estudia. Heidegger negó repetidamente que él tuviera una
“filosofía” y entendía la fama que eso hubiera depararle como “el conjunto de
malentendidos asociados a un nombre”. Semejante rechazo a la asimilación entre
ambos tocaba el nervio de sus pretensiones: volver desde la filosofía a los
orígenes del pensamiento que aquella traicionó. Esa asimilación sigue hasta hoy
día de modo más general cuando se sobreentiende que el pensar es patrimonio de
la filosofía, especialmente cuando se adjetiva con la palabra “critico”. Ha
sido utilizada para defender su presencia en planes de estudio en momentos difíciles.
La segunda observación es que, antes como ahora, ni bajo
tortura aceptaría íntimamente un alumno de filosofía (tampoco uno de Bellas Artes) que su “actividad”
es “socialmente” como las demás. La herencia romántica pesa mucho y la
singularidad es irrenunciable. (Seguirá)
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