sábado, 22 de agosto de 2026

Lecturas "estivales". Heidegger en España (2)

 

Bueno, estas son, diríamos, unas primeras consideraciones, no sé si sociológicas, que me han ido viniendo a la mente con la lectura del muy interesante libro Heidegger en España.  Historia de una recepción, cuyos autores son Francisco Vázquez García y Ál­varo Castro Sánchez. Estamos ante un libro extraordinario por varios motivos. Es el resultado de una larga investigación que enlaza con trabajos suyos anteriores sobre la filosofía española. Recoge otros más recientes, ampliándolos e integrándolos en un conjunto sin que se noten mucho las costuras. No hay muchas publicaciones monográficas sobre filosofía española contemporánea, aunque existen notorias excepciones como los excelentes trabajos, por bien informados y equilibrados, de Gerardo Bolado. Se diferencia también en que no proponen el método de una Historia de la Filosofía (quizá pensando en las que hay) sino una metodología no usual, aunque ya la habían aplicado antes, como es la de la “sociofilosofía”. Se renuncia así a los modelos “internos” y pretendidamente “objetivos” que, en las historias al uso tampoco solían declarar la metodología según la cual ofrecían historias lineales muy deudoras de los planteamientos de las grandes historias idealistas.

Se trata de “una explicación social de la experiencia filosófica”. Desde la siguiente hipótesis: “La nueva disciplina sociofilosófica defiende que el pensamiento es una actividad social al mismo nivel que cualquier otra”. Dos observaciones. La primera, es la asimilación de dos palabras que aparecen nítidamente separadas, cuando no opuestas, en el autor cuya recepción se estudia. Heidegger negó repetidamente que él tuviera una “filosofía” y entendía la fama que eso hubiera depararle como “el conjunto de malentendidos asociados a un nombre”. Semejante rechazo a la asimilación entre ambos tocaba el nervio de sus pretensiones: volver desde la filosofía a los orígenes del pensamiento que aquella traicionó. Esa asimilación sigue hasta hoy día de modo más general cuando se sobreentiende que el pensar es patrimonio de la filosofía, especialmente cuando se adjetiva con la palabra “critico”. Ha sido utilizada para defender su presencia en planes de estudio en momentos difíciles.

La segunda observación es que, antes como ahora, ni bajo tortura aceptaría íntimamente un alumno de filosofía (tampoco uno de Bellas Artes) que su “actividad” es “socialmente” como las demás. La herencia romántica pesa mucho y la singularidad es irrenunciable.  (Seguirá)

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