lunes, 31 de agosto de 2026

Lecturas "estivales". Heidegger en España (5)

 

En los años 1930 tiene lugar un diálogo con Jünger que ayuda a entender ese proceso de encanto y desencanto. Coincide con Jünger en que los alemanes perdieron la Primera Guerra Mundial por falta de decisión, por la traición de la burguesía pactista y la ausencia de una movilización total. Para Heidegger, “Jünger ha acuñado el espíritu del soldado del frente”. Y este es uno de los “héroes” del Dasein para el que, dice Heidegger, todo Begriff es un Angriff, todo concepto es un ataque. En una primera época Heidegger cree que es posible un nihilismo activo de movilización total a través de la técnica cuyo término sería el Estado Total. El Estado es para Heidegger la obra de arte total, el producto de la “gran política” en “gran estilo” siguiendo al Nietzsche que comenta también en esa época. De ahí su adhesión al nacionalsocialismo. El giro al arte (El Gran Arte) en su filosofía marca su entrada y salida de la política activa.

El problema surge cuando el movimiento se institucionaliza y deja de serlo, a juicio de Heidegger, traicionando la posibilidad de un nuevo “inicio”. Se convierte en un producto metafísico de la modernidad que culmina en la técnica como expresión de la voluntad de poder anunciada por Nietzsche.  Le da igual a Heidegger que se trate de Lenin, (del comunismo, no del marxismo) del nacionalsocialismo o el “americanismo”. Todos ellos (Jünger al final también con su “Trabajador”) son manifestaciones de esa voluntad de poder y la técnica aniquiladora no tiene ahora nada que ver con lo que podría ofrecer volviendo a su “inicio”, a la téchne griega. Se ha perdido el camino. En sus lecciones sobre Hölderlin precisa cómo el poeta recibe la revelación sobre ese “inicio”, el pensador la piensa y el Führer la realiza. El contraste con el desprecio que muestra Hitler en sus “Conversaciones de sobremesa” por el “pueblo de los pensadores y poetas” no puede ser más amargo.

“¿De vuelta de Siracusa?” le espetaron a Heidegger cuando se reincorporó a la universidad. Esta boutade tiene un largo alcance. Mi conclusión de la investigación que hice entonces sobre el papel de la política en el pensamiento/filosofía de Heidegger es que hay una relación esencial entre el pensamiento de Heidegger y el nacionalsocialismo, pero no es una relación causal. No es un juego de palabras en la jerga heideggeriana. La esencia no es la causa sino la decisión. Y esta surge en un momento determinado y tiene consecuencias también en otros. Porque ese tipo de planteamientos políticos lo que espera son tiempos mejores y tiene una vecindad con lo que Susan Sontag denominó el “fascinante fascismo. En esta línea se han desarrollado mis trabajos posteriores de estética política.

El expresionismo rural de las situaciones límite del primer Heidegger se continua en diferentes metamorfosis, pero similar terminología, a lo largo del tiempo y los escritos. La mística del “camino” se mantiene hasta el final privándonos de una edición fiable de sus obras: “Wege, nicht Werke, caminos no obras”. En los Cuadernos negros se leen frases propias de otros “Caminos”: “¡Con firmeza hacia lo ineludible!”; “¡Defender lo esencial hasta lo último!”; “El hombre: un camino escarpado sometido a un viento creciente”. Y esta no menos enigmática: “La capacitación silenciante de las grandes señas en el campo abierto”. Un estilo que favorece el proceso identitario de manipulación emocional. En el intermedio el “immer nur auslegen”, “no hago más que interpretar”, pero un interpretar que espera encontrar una chispa del “inicio” del pensamiento en su “comienzo” frustrado como filosofía. En vano. Al final, la decisión conceptual por el Sein muta en su grafía tachada en la decisión mística por el Seyn, arcaico, mitológico, originario, inefable. (Seguirá)

viernes, 28 de agosto de 2026

Lecturas "estivales". Heidegger en España (4)

 

El llamado “caso Heidegger” había empezado antes del libro de Farías. En 1962 publicó Guido Schneeberger (en autoedición, pero accesible en las bibliotecas alemanas) su Nachlese zu Heidegger. Dokumente zu seinem Leben und Denken. Contenía una gran cantidad de documentos hasta entonces difícilmente accesibles sobre la relación entre Heidegger y el nazismo. Con él empezó todo, no con Farías que se sirvió generosamente del libro. Su lectura fue para mi decisiva en dos sentidos. El primero, investigar en qué consistía ese “nacionalsocialismo privado” que los propios nazis detectaron ya en Heidegger. El segundo, en relación con ello, clarificar la misteriosa frase del parágrafo 74 de Ser y Tiempo:  "La repetición auténtica de una posibilidad de existencia que ha sido —es decir, el que el Dasein se elija su héroe— se funda existencialmente en la resolución precursora...". Es decir, la pregunta que venía de la lectura de las primeras lecciones de Heidegger anteriores a Ser y Tiempo se hacía ineludible ahora: sobre qué modelos ónticos ha diseñado Heidegger el ontológico del Dasein, ¿Quién es ese héroe elegido? A pesar del rechazo de la antropología, de la sociología y todo lo que sonora a óntico, lo cierto es que Heidegger al comienzo daba pistas concretas en esas lecciones: negación del presente como actualidad, necesidad de una revolución futura para la que había que estar “decididos”, cargando todo el peso sobre la palabra “decisión”, en un indefinición de la misma, de modo que Lövitch confesó luego: salíamos de sus lecciones decididos pero no sabíamos si a coger los fusiles o leer a los presocráticos. Es la decisión la que abre el comprender y no al revés. Con ello se apuntaba al otro elemento clave desde el comienzo en la filosofía de Heidegger: la ambigüedad. Pero no tanto como calificativo de conductas (que también) sino como constitutivo ontológico del Dasein: se es auténtico en la inautenticidad. Esta se traspone de calificación ética (óntica) en categoría ontológica.

 Esta investigación sobre Heidegger no tomó, pues, el camino de averiguar si y en qué medida el compromiso político de Heidegger había “contaminado” su filosofía, tampoco en detectar rasgos ya de nazismo en publicaciones anteriores. El “privado” me planteó la hipótesis de qué concepto de política había elaborado Heidegger desde el comienzo, desarrollado después y luego concretado en su adhesión al partido nacionalsocialista, justificada filosóficamente, mantenido después de haber cometido “la mayor estupidez de mi vida”, explicando también que no creyera necesario disculparse porque fueron los otros, los nazis, quienes pervirtieron “la verdad y la grandeza interior de este movimiento”. Frase perteneciente a un curso de 1935 (la fecha es importante) y publicada en 1953 en el libro Introducción a la metafísica. La palabra “movimiento” aquí es clave y matiza las anteriores. (Seguirá)

martes, 25 de agosto de 2026

Lecturas "estivales". Heidegger en España (3)

 

El enfoque “sociofilosófico” de los autores no puede ser más diferente del utilizado por Heidegger para caracterizar su pensamiento y el de aquellos a los que “interpretaba” o, según él, con los que “dialogaba”. Es conocida la anécdota del comienzo de un curso sobre Aristóteles: Aristóteles, nació, trabajó y murió. Ahora pasemos a estudiar su filosofía. Significa la negación del contexto social y vital para entender una filosofía. No estoy de acuerdo con ello y cabe hacerse la pregunta sobre el papel del “contexto” para interpretar una obra. Creo que el contexto debe salir del texto mismo como necesario para su comprensión y no servir de marco externo que limite la mirada y no forme parte de él. Esto afecta al estudio de la “recepción” misma de los textos. Sin que menoscabe los reconocimientos hacia la valía y oportunidad del libro antes expresados, tengo la impresión después de su lectura que el enfoque “sociofilosófico” deriva, más bien, hacia un marco “sociopolítico” y este a las circunstancias concretas del compromiso de Heidegger con el nazismo, nuevamente desde la perspectiva de la polémica suscitada por el libro de Farías y, más tarde la aparición de los llamados Cuadernos negros.

El libro trata de la recepción, cierto, pero desde una perspectiva que predomina sobre las demás: “el caso Heidegger”. Puntualizando si los receptores hacen o no mención al compromiso nazi de Heidegger y como lo valoran. Papel nada desdeñable es el que juegan en todo ello las oscilaciones entre los cerrados académicos autores de su “canonización” y los debates periodísticos. Lo discutible del procedimiento tiene una muestra en la valoración de lo que ocurrió ante otro “caso”, “El caso Lledó”. Se afirma en el libro: “En el futuro (1987), al encontrar vetado su acceso a una cátedra en la UNED, daría lugar a un sonado escándalo en los medios universitarios y periodísticos («el caso Lledó»)” (no doy páginas de la edición digital que manejo). En realidad, el escándalo se originó por la oposición a una cátedra de Historia de la Filosofía Moderna y Contemporánea en la Facultad de filosofía de la Complutense. Es un error puntual. Hay también alusiones al “colectivo” Rábade en el “Sancta Santorum” [sic] que era la Facultad de Filosofía de la Complutense. Sobre el profesor Rábade cabe reseñar su labor incansable por crear una espléndida biblioteca de obras fuente de filósofos de la que se carecía. En cuanto a tendencias políticas…No dejó de sorprendernos el decidido apoyo de Jacobo Muñoz a Rábade frente al candidato izquierdista y del PSOE Francisco Bustelo por el rectorado de la Complutense. Son solo anécdotas de una situación difícil de encasillar al modo binario y de la que los autores del libro parecen tener solo un conocimiento parcial. Mi experiencia como alumno de la especialidad de Filosofía (después de los “Comunes”) y luego como profesor dando clase de Historia de la filosofía Moderna y Contemporánea en la misma aula de Ortega (no sé si con el mismo vetusto encerado y las ajadas persianas de madera todavía) mi experiencia es bastante diferente y, una vez más, mucho más compleja. (Seguirá)

sábado, 22 de agosto de 2026

Lecturas "estivales". Heidegger en España (2)

 

Bueno, estas son, diríamos, unas primeras consideraciones, no sé si sociológicas, que me han ido viniendo a la mente con la lectura del muy interesante libro Heidegger en España.  Historia de una recepción, cuyos autores son Francisco Vázquez García y Ál­varo Castro Sánchez. Estamos ante un libro extraordinario por varios motivos. Es el resultado de una larga investigación que enlaza con trabajos suyos anteriores sobre la filosofía española. Recoge otros más recientes, ampliándolos e integrándolos en un conjunto sin que se noten mucho las costuras. No hay muchas publicaciones monográficas sobre filosofía española contemporánea, aunque existen notorias excepciones como los excelentes trabajos, por bien informados y equilibrados, de Gerardo Bolado. Se diferencia también en que no proponen el método de una Historia de la Filosofía (quizá pensando en las que hay) sino una metodología no usual, aunque ya la habían aplicado antes, como es la de la “sociofilosofía”. Se renuncia así a los modelos “internos” y pretendidamente “objetivos” que, en las historias al uso tampoco solían declarar la metodología según la cual ofrecían historias lineales muy deudoras de los planteamientos de las grandes historias idealistas.

Se trata de “una explicación social de la experiencia filosófica”. Desde la siguiente hipótesis: “La nueva disciplina sociofilosófica defiende que el pensamiento es una actividad social al mismo nivel que cualquier otra”. Dos observaciones. La primera, es la asimilación de dos palabras que aparecen nítidamente separadas, cuando no opuestas, en el autor cuya recepción se estudia. Heidegger negó repetidamente que él tuviera una “filosofía” y entendía la fama que eso hubiera depararle como “el conjunto de malentendidos asociados a un nombre”. Semejante rechazo a la asimilación entre ambos tocaba el nervio de sus pretensiones: volver desde la filosofía a los orígenes del pensamiento que aquella traicionó. Esa asimilación sigue hasta hoy día de modo más general cuando se sobreentiende que el pensar es patrimonio de la filosofía, especialmente cuando se adjetiva con la palabra “critico”. Ha sido utilizada para defender su presencia en planes de estudio en momentos difíciles.

La segunda observación es que, antes como ahora, ni bajo tortura aceptaría íntimamente un alumno de filosofía (tampoco uno de Bellas Artes) que su “actividad” es “socialmente” como las demás. La herencia romántica pesa mucho y la singularidad es irrenunciable.  (Seguirá)

miércoles, 19 de agosto de 2026

Lecturas "estivales". Heidegger en España.


 

Los autores de este libro no son especialistas en Heidegger, pero sí conocen bien la filosofía en español. Leyendo el libro sobre la recepción de aquél se atraviesa también una época de esta. Con sentimientos encontrados. Late en toda la obra la oposición entre filosofía académica y filosofía creadora. La recepción de Heidegger habría servido para reforzar la primera y lastrar la segunda al convertirse en una especie de canon de lo que se llamó durante mucho tiempo la “filosofía pura”. En septiembre de 1997 publiqué en El País un artículo con el expresivo título “Somos un pensamiento ajeno”. Podía hablar con propiedad ya que el año anterior había publicado un libro sobre Heidegger y el siguiente lo haría con otro, aunque, bien es cierto, que en sentido crítico y “emancipatorio”, como se decía entonces.

Señalaba en ese artículo algo que apuntalaba el título: entre los filósofos españoles se tenía a gala el no leerse unos a otros. Había razones. Los que merecían la pena, los “creadores”, eran considerados unos parias académicos, no practicaban la “filosofía pura” de las Facultades, escribían en los periódicos, sacaban ensayos…, nada serio, literatura. La “maldición” de Ortega y Gasset tenía una sombra muy alargada. Ahora se hacen tesis doctorales sobre ellos, entonces se despreciaban. Recuerdo amargas palabras a este respecto, nada menos que de Eugenio Trías, y se podían poner más nombres. Me comentaba las “tres patas” de su actividad: conferencias, artículos de prensa y libros de creación. Justo lo opuesto a lo que contaba para ser un filósofo académico. ¿Dónde? No era solo una cuestión teórica sino algo mucho más prosaico. Cuando se escriba la Historia de la filosofía española se pueden encontrar razones internas de la misma, en el sentido de lo que nos enseñaron como historia de ideas o problemas, más o menos intemporales. Pero hay otro elemento más prosaico y definitivo para entender la producción filosófica: la Historia de la filosofía española era la Historia de las Oposiciones a plazas de filosofía en la Universidad y a temarios bien definidos en la Secundaria. Se trabajaba para ello y con frecuencia luego desaparecía. No es que haya mejorado mucho hoy con la estajanovista producción de trabajos para revistas indexadas que cuente en la próxima acreditación.

Dicho esto, el planteamiento binario entre filosofía académica y creadora me parece insuficiente para entender la situación a finales del XX y comienzos del XXI. La situación era mucho más compleja y se escapa a los intentos tanto de historias internas como externas. Por de pronto, estaba la enorme penuria de medios bibliográficos que hacía difícil acceder a las fuentes primero como alumnos y luego como profesores. Había que hacerse la propia biblioteca. Las estancias en el extranjero culminaban con maletones a reventar de fotocopias y libros que provocaban la extrañeza, por decir algo, de los policías de fronteras. Hoy podemos tener y descargar  las obras fuente de los filósofos clásicos en edición crítica o primeras ediciones en internet, así como las principales monografías y artículos especializados.

Otra de las consideraciones para tener en cuenta en el planteamiento binario del filósofo académico y el creador es que había unos que, ciertamente, trabajaban y otros que se dedicaban a pensar. Esto se traduce en que había quienes vivían, cobraban, de la Universidad y escasamente la pisaban, aunque alardearan de lo contrario, y otros que casi vivían en la Universidad, con una docencia abrumadora y plazas precarias, sacando tiempo como podían para investigar y publicar, sin dejar de pensar. Estos híbridos de académico y creador han menudeado más de lo que parece, sin obtener reconocimiento. Y a ello ha contribuido, en no menor medida, el prestigio de la filosofía en la Enseñanza Media, ahora Secundaria. En pocos sitios he encontrado mayor frescura creadora que en el profesorado de Enseñanza Secundaria, a pesar de las muchas horas y la burocracia. Sin ellos no habría filosofía en la Universidad y fuera de ella. Y no hay que confundir el sectario impulso de reproducción académica con el desesperado intento de supervivencia. En la Complutense no era inhabitual que los PPNN cobraran por primera vez en febrero. Estas circunstancias deberían ser tenidas en cuenta cuando se habla con razón, pero también a la ligera, de la consabida endogamia universitaria. Una cosa es que regalen una plaza, y lo hacían, y otra que se tengan también en cuenta los largos servicios prestados en tan precarias y largas circunstancias. No pasa nada. Y es que, en el fondo, la Universidad no le ha interesado nunca ni al Estado ni a la sociedad. Haced lo que queráis, pero sin dar guerra. (Seguirá)