miércoles, 2 de septiembre de 2026

Lecturas "estivales". Heidegger en España (6)

 

Los autores del libro han hecho un estudio exhaustivo de la recepción de lo que denominan “la industria cultural heideggeriana”. El método empleado hace que en determinados momentos tengan que puntualizar: “Aquí nos centraremos en la recepción filosófica, no siempre fácil de distinguir respecto a la recepción ideológica y política”.  No es fácil. Más adelante: “En la medida de lo posible dejaremos a un lado esta recepción puramente ideológica para apuntar a la que tiene lugar en el campo filosófico”. De hecho, ambas están entrelazadas en el libro. Pero no se trata solo de observaciones externas, recogida de datos exhaustiva, sino que se extiende a lo que se critica del método “interno”, es decir, emitiendo juicios filosóficos de contenido, ya sea apoyándose en otros autores o en algunos textos de Heidegger, sin entrar en un análisis pormenorizado. Es cierto que no pretenden esto último, pues no es su objetivo ni tampoco son especialistas en él.

Las consecuencias de todo ello podrían discutirse con más detalle, pero me voy a detener en uno de los puntos tratados con frecuencia en el libro y es la relación de Heidegger con Ortega. El acento recae sobre las reivindicaciones de prioridad y originalidad por parte de Ortega agudizadas por la desafección de sus discípulos. Mis trabajos sobre Ortega desde 1984, las Notas de Trabajo de Ortega sobre Heidegger que publiqué con Domingo Hernández, me llevan a calificarlo como un enfoque anecdótico y periférico. Se trata de dos estilos de pensamiento completamente distintos. Algunos detalles: sentido afirmativo de la vida orteguiano y crítica de la angustia y el nihilismo heideggerianos, que luego extenderá a los existencialistas; decisión por el hombre frente a decisión por el Ser, considerado por Ortega como un concepto histórico caduco; valoración original de la técnica explícita en los años 30, pero que alcanza su máxima expresión en el Coloquio de Darmstadt, posibilitando un humanismo tecnológico de nuevo cuño; crítica al elitismo del pensador en la reconstrucción de Europa y alternativa novedosa de la función social del intelectual. Son solo unos de lo aspectos que marcan diferencias, lo que no obsta para que Ortega afirmara en carta que esperaba contar con Heidegger para el Instituto de Humanidades que proyectaba fundar en Alemania, antes que en España. 

No me extiendo más. Volviendo al comienzo de estas reflexiones, al artículo de El País, creo que Ortega ofreció y ofrece la posibilidad de un pensamiento en español, de no ser un pensamiento ajeno.