Si la película trata sobre la
trastienda de un espectáculo, lo cierto que no está basada en imágenes
espectaculares sino en diálogos que muestran la “humanidad” de Göring, hombre
familiar, que se interesa por Kelly, del que “por un tiempo fuimos amigos”.
Hasta que sobreviene la “traición” del psiquiatra: utilizar las conversaciones
privadas para conocer el punto débil y debilitar su defensa. Göring ejerce aquí
de Goebbels, de seductor, y lo consigue con el psiquiatra Kelly y también con
el juez Jackson mediante la triquiñuela de la traducción incorrecta del alemán
al inglés del párrafo referido a la solución final: de ordenar la eliminación a
favorecer la emigración de los judíos. Los 5 minutos (1.20- 1.25) de imágenes
de los campos de concentración, terribles, algunas de ellas poco vistas,
significan el punto de ruptura entre ambos con sobreactuación de Rami Malek en
el papel de Douglas Kelly. Estas imágenes de los campos han sido el punto de
ruptura de la “amistad” entre ambos, de los diálogos entre “amigos” pero, como
señalaré en otra entrada, van a quedar contrarrestadas icónicamente por las
finales de los vencidos de la película. Lo que quizá no se ha tenido tanto en
cuenta en el visionado y la crítica e introduce un punto interesante de
ambigüedad icónica. La contraposición entre verdugo y víctima es así reformulada
en la de vencedor y vencido. La ecuación de “amigos” se rompe por la de
vencedor y vencido. Y este se considera una víctima, no por lo que hizo, sino
por haber perdido, por lo que le hicieron. Primeros planos en duelo de miradas
argumentativas:
Esto implica ahora mostrar en la
película el otro punto de vista: no solo el de los vencedores sino el de los
vencidos. En el texto de la película de Lang decían que suponía un “riesgo”
reflejar el punto de vista de los “grandes villanos”. En la película de Lang se
refleja el de Goebbels, aquí el de Göring que domina la pantalla con la
soberbia interpretación de Russell Crowe. Pero hay un matiz diferente: toda la
argumentación de Göring no va a ser la de Goebbels (fascismo moderno) sino la
del posfascismo posmoderno, de la violencia razonable. Y esta, como
desarrollaré en la próxima entrada, se niega a ser juzgada en términos éticos
sino de la fuerza dominante.
Dos imágenes, dos charcos de orina, al comienzo y al final. El primero de un soldado americano sobre una enseña nazi, el segundo de un ahorcado tras su condena en el juicio. Vencedores y vencidos.




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