domingo, 18 de enero de 2026

Núremberg (7)


 

La película muestra el día después del héroe americano. Kelly ha vuelto y logra con su consejo (“Göring no puede oponerse al Führer”) que Göring sea condenado. El regusto de la acción es ambiguo icónicamente en las diferentes secuencias de los primeros planos: una deslealtad profesional propicia la condena de una lealtad. Se le agradece, pero como en las películas del día después, se queda solo. No lo quiere nadie. Había centrado su trabajo en descubrir la “psicología del mal” para intentar prevenirlo. Si los alemanes eran distintos en ello a otros pueblos. Consigue entender la estrategia de Göring de haberse entregado para ser juzgado, contar su versión y contribuir a un renacimiento y fortalecimiento del nazismo. Y, de rechazo, el fondo de su “psicología del mal”: la ambición desmesurada de poder. Y en eso no fueron tan distintos los alemanes.

 El que esa ansia totalitaria de poder siga floreciendo después en individuos y grupos de las democracias es algo que estas, autosatisfechas, no están dispuestas a aceptar. Kelly ha hecho su trabajo de la secuencia inicial: entender, condenar, prevenir. Si este era el objetivo último del juicio ha fracasado y esa mirada del abismo dentro de él le ha llevado a la autodestrucción con el mismo veneno que utilizó Göring. A pesar de la cita de Collingwood la historia no siempre es maestra de la vida. Especialmente si se cruzan entremedio las imágenes con su propio lenguaje, no asimilable al oral o escrito. Y es ahí, más allá de la argumentación, donde anida el posfascismo posmoderno, como dice Kelly, más allá de los gestos y los uniformes. Y…de sus propias palabras. Y de las intenciones del director de la película. Como suele ocurrir con el nazismo se tiene mucho cuidado con las palabras, pero se descuidan las imágenes, la “fuerza”, ya no bruta, sino ambigua, de las imágenes. No pongo, por respeto, las imágenes de los judíos asesinados en los campos: “imágenes pese a todo”, no. Las otras del director.




Douglas está leyendo la noticia del suicidio de Göring que, al final, dice, ha escapado. Pero lo interesante es lo que viene a continuación: un primer plano de los ahorcados después del juicio, hacinados, amontonados unos sobre otros en lo que según se va alejando el plano se revela como un camión en una carretera a cuyo final parece estar un campo de concentración. Esa imagen se solapa con la de los cadáveres de judíos amontonados en pilas. La secuencia se puede interpretar como una justicia icónica pero también alimenta el carácter inintencional de la imagen: ambos son víctimas y después de haber indagado si son diferentes los alemanes ahora se responde a la otra pregunta de si son o no mejores los americanos. La respuesta icónica no es afirmativa, se corresponden ambas imágenes. Y arroja una luz retrospectiva ambigua sobre el sentido del juicio en la versión de esta película. 



No hay comentarios:

Publicar un comentario