Efectivamente, hay un riesgo de
empatizar con el enemigo, no solo de intentar comprender estratégicamente su
punto de vista, sino de exponerlo, dejándole hablar, como ocurre en esta
película. Estamos acostumbrados en otras a escuchar el argumento de la “obediencia
debida” como exculpación respecto a los crímenes cometidos, tal era el caso de
Eichmann. Pero aquí el nivel de argumentación es distinto. Lo simbólico del
título “Núremberg” es que designaba la ciudad en la que se dictaron las leyes
nazis sobre la pureza de raza, la ciudad de “Las leyes de Núremberg” de 1935
que determinaron el sistema procesal alemán. Lo que intentan ahora es cerrar la
guerra con una condena del nazismo fruto de la creación de una ley
extraordinaria sobre crímenes de humanidad. Es lo que pretende el juez Jackson,
la creación de una nueva ley internacional que permita juzgarlos ante la
dificultad de hacerlo con las existentes. Y de ahí que los cargos en el breve
espacio y tiempo consagrados al juicio en esta película se centren en el exterminio
de los judíos.
La intervención de Göring se
entiende en ese contexto. Establece una diferencia básica entre legalidad y
moralidad. La legalidad la establecen los vencedores después de la guerra
mientras que la moralidad está en una “niebla”, es cuestión de punto de vista,
de situación. Así menciona Göring el bombardeo nuclear de Hiroshima, la
aniquilación de prisioneros alemanes por los rusos…rechazando una moralidad
superior hipócrita. Nos detenemos aquí porque ese tipo de argumentos se han
visto luego reforzados cuantitativamente con los estudios de los cientos de
miles de mujeres alemanas violadas, los bombardeos incendiarios sobre ciudades
alemanas sometidas, la polémica sobre el no bombardeo de campos de
concentración por los americanos …
Sobre este tema y lo que viene a
continuación me he ocupado en el número 7 de Archipiélagos, Fenomenología
de la alienación y el 11 Cine trabajo (Farocki), que se pueden
descargar en este blog.
Contra lo que pueda parecer la
argumentación no va en la línea del “Y tú más” sino sobre algo previo. Y aquí
es preciso recordar lo que señalaba al comienzo de estas entradas: el público
de EEUU al que va dirigida la película. Ya había antecedentes.
Vandelbildt parece repetir el planteamiento
desarrollado por Errol Morris en su extraordinario documental. Le May, el
general, uno de los responsables últimos de la matanza de Hiroshima reconoce que de haber perdido
los americanos habrían sido juzgados como criminales de guerra y en esa línea
McNamara respecto al empleo del napalm en Vietnam reconoce lo mismo, solo que él
servía y era leal al presidente…Kennedy.
Compárese luego con la línea argumentativa
de Göring.


















No hay comentarios:
Publicar un comentario