En los años 1930 tiene lugar un diálogo con Jünger que ayuda
a entender ese proceso de encanto y desencanto. Coincide con Jünger en que los
alemanes perdieron la Primera Guerra Mundial por falta de decisión, por la
traición de la burguesía pactista y la ausencia de una movilización total. Para Heidegger,
“Jünger ha acuñado el espíritu del soldado del frente”. Y este es uno de los “héroes”
del Dasein para el que, dice Heidegger, todo Begriff es un Angriff,
todo concepto es un ataque. En una primera época Heidegger cree que es posible
un nihilismo activo de movilización total a través de la técnica cuyo término
sería el Estado Total. El Estado es para Heidegger la obra de arte total, el
producto de la “gran política” en “gran estilo” siguiendo al Nietzsche que
comenta también en esa época. De ahí su adhesión al nacionalsocialismo. El giro
al arte (El Gran Arte) en su filosofía marca su entrada y salida de la política
activa.
El problema surge cuando el movimiento se institucionaliza y
deja de serlo, a juicio de Heidegger, traicionando la posibilidad de un nuevo
“inicio”. Se convierte en un producto metafísico de la modernidad que culmina
en la técnica como expresión de la voluntad de poder anunciada por Nietzsche. Le da igual a Heidegger que se trate de Lenin,
(del comunismo, no del marxismo) del nacionalsocialismo o el “americanismo”.
Todos ellos (Jünger al final también con su “Trabajador”) son manifestaciones de
esa voluntad de poder y la técnica aniquiladora no tiene ahora nada que ver con
lo que podría ofrecer volviendo a su “inicio”, a la téchne griega. Se ha
perdido el camino. En sus lecciones sobre Hölderlin precisa cómo el poeta
recibe la revelación sobre ese “inicio”, el pensador la piensa y el Führer la
realiza. El contraste con el desprecio que muestra Hitler en sus
“Conversaciones de sobremesa” por el “pueblo de los pensadores y poetas” no
puede ser más amargo.
“¿De vuelta de Siracusa?” le espetaron a Heidegger cuando se
reincorporó a la universidad. Esta boutade tiene un largo alcance. Mi
conclusión de la investigación que hice entonces sobre el papel de la política
en el pensamiento/filosofía de Heidegger es que hay una relación esencial entre
el pensamiento de Heidegger y el nacionalsocialismo, pero no es una relación
causal. No es un juego de palabras en la jerga heideggeriana. La esencia no es
la causa sino la decisión. Y esta surge en un momento determinado y tiene
consecuencias también en otros. Porque ese tipo de planteamientos políticos lo
que espera son tiempos mejores y tiene una vecindad con lo que Susan Sontag
denominó el “fascinante fascismo. En esta línea se han desarrollado mis
trabajos posteriores de estética política.
El expresionismo rural de las situaciones límite del primer
Heidegger se continua en diferentes metamorfosis, pero similar terminología, a
lo largo del tiempo y los escritos. La mística del “camino” se mantiene hasta
el final privándonos de una edición fiable de sus obras: “Wege, nicht Werke,
caminos no obras”. En los Cuadernos negros se leen frases propias de
otros “Caminos”: “¡Con firmeza hacia lo ineludible!”; “¡Defender lo esencial
hasta lo último!”; “El hombre: un camino escarpado sometido a un viento
creciente”. Y esta no menos enigmática: “La capacitación silenciante de las grandes
señas en el campo abierto”. Un estilo que favorece el proceso identitario de
manipulación emocional. En el intermedio el “immer nur auslegen”, “no hago más
que interpretar”, pero un interpretar que espera encontrar una chispa del “inicio”
del pensamiento en su “comienzo” frustrado como filosofía. En vano. Al final, la decisión
conceptual por el Sein muta en su grafía tachada en la decisión mística
por el Seyn, arcaico, mitológico, originario, inefable. (Seguirá)
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